Pues el viernes, que aquí es fiesta, un compañero del Ministerio de Cooperación me invitó a pasar el día en el “campo”, el badía, como dicen por aquí. Este invierno ha llovido un par de días, y ha salido un poco de hierba, como se ve en la foto. Hay que fijarse bien: detrás del árbol se ve un poco de verde que a nuestros ojos pueden parecer cuatro hierbajos, pero para los exiliados de la hammada es un vergel. Verdaderamente este inmenso desierto es terriblemente hostil. La familia de mi compañero ha plantado la jaima a unos 10 km de Smara desde hace un mes, y ahí están, con las cabras pastando, cambiando el campamento de sitio cuando las cabras ya hacen impracticable el emplazamiento. Son nómadas, y aunque estén en un campo de refugiados siguen siéndolo. Como no hacía siroco, comimos fuera, a la sombra de una acacia, y tomamos unos 200 tés y escuchamos música que salía de un móvil con MP3 o algo así. La verdad es que fue un día muy bonito, una de esas experiencias que no se pueden pagar y que dan ánimos para continuar por aquí un poquito más.

