Ya sé que siempre me estoy quejando (que si las cucarachas, que si los escorpiones, que ahora hace 50ºC, que ahora hace frío…) pero lo del siroco del otro día fue como en la película de “La Momia”, lo juro. Una montaña de arena se nos echó encima literalmente: de repente, me vi buceando en el fondo de un océano de arena roja. Después de pasados varios días, todavía tengo arena en varios orificios de mi cuerpo. Creo que las fotos lo dicen todo.

