La habitación con olor a gato

La habitación donde voy a vivir en los próximos meses está muy bien, porque tiene cama, mesa y silla (recordad que durante los últimos 8 meses solamente he tenido cama), pero también tiene una serie de 34 pequeños inconvenientes que os voy a enumerar, si tenéis un poquito de tiempo, para que no penséis que es oro todo lo que reluce.

1. La habitación no tiene ventana, por lo que la ventilación es difícil, por no decir nula. A veces siento que respiro aire ya respirado por mí, e incluso aire ya respirado por otros que vivían aquí antes que yo.

2. La habitación está cubierta por una especie de moqueta vieja y descolorida, que no conoce el significado de la palabra “aspiradora” en ningún idioma. A su vez, dicha moqueta está cubierta por una espesa capa de polvo y arena y desperdicios varios (orgánicos e inorgánicos), y constituye el hábitat de una compleja cadena alimenticia que incluye a varias especies de hormigas, arañas y ácaros, que me provocan espasmódicas toses en mitad de la noche. A veces siento que toso polvo y ácaros ya tosidos por mí y por otros.

3. Dicha moqueta está completamene arrugada y parece surcada por una intrincada red de túneles y pasadizos que se cruzan entre ellos.

4. Varias generaciones de gatos han hecho sus necesidades sobre la moqueta durante los últimos quince años, por lo que el olor a meada de gato lo impregna todo. Podría afirmar que el olor a gato es la principal característica de la habitación.

5. El primer día limpié los excrementos de gato más recientes, los más sólidos, pero hay manchas líquidas e indefinidas que ya son parte esencial de la moqueta, y no tengo ni medios ni fuerzas para limpiar más.

6. Todas mis cosas (maletas, ropa, papeles) van adquiriendo poco a poco ese característico olor denso a meada de gato.

7. Dicho olor, unido a la falta de ventilación, se ha transformado en un intenso hedor que atrae todos los días a cientos de moscas y mosquitos, que a su vez se alimentan de mí (de mi piel sin duchar unas, de mi sangre otros), haciendo más complejo si cabe el rico ecosistema de la habitación.

8. Varias noches me he despertado por escuadrones de moscas que volaban a baja altura sobre mi oreja.

9. Varias noches me he despertado porque los mosquitos me picaban en manos y cara.

10. Ya lo he dicho, pero repito que varias noches me he despertado tosiendo (el polvo tosido y retosido por otros).

11. De la existencia de cucarachas (negras y rojas) no voy a hablar porque es obvia y está ampliamente documentada en anteriores e-mails.

12. La habitación no tiene armario, por lo que “guardo” mis cosas sobre la aromática y polvorienta moqueta, ordenadas alfabéticamente (como en anteriores ocasiones: léanse las crónicas semanales desde Uganda y Congo), en montones, desde la A de aspirinas y aftersun hasta la Z de zapatillas de deporte y zapatos rotos.

13. Varias noches me he despertado por ruiditos “nuevos”, diferentes, desconocidos tras mi largo peregrinaje por otras quince habitaciones de Protocolo durante los últimos años, producidos por algún ser que deduje sería mayor que una cucaracha pero menor que un gato. Anteayer por fin me armé de valor y, en el apogeo de los ruiditos, salí del saco de dormir al frío exterior, y ayudado por la linterna descubrí un ratón debajo de la cama, el cual rápidamente se escondió bajo la moqueta, y otro correteando entre mis papeles del proyecto AECI(D). No me atreví a aplastarlo con la chancla que llevaba a modo de arma, porque tuve una premonitoria visión e imaginé al ratón con la columna vertebral partida, parapléjico, arrastrándose por entre mis cosas, dejando un reguero de sangre oscura desde la P de proyectos hasta la T de taza de desayuno. Volví a introducirme en mi saco sabiendo con certeza que los dos ratones no son más que la punta del iceberg de docenas de ellos que viven bajo los recovecos de la moqueta, y corretean sin descanso por sus interminables pasadizos y entre las rendijas de las paredes y el techo.

14. Varias noches me he despertado por las carreras de gatos sobre la tejavana de la habitación.

15. Una noche me desperté por la terrible pelea de perros salvajes que lucharon a muerte en el pasillo durante 26 interminables minutos. No me atreví a salir por miedo a que me comieran vivo. Creo que uno de ellos murió, y los demás lo arrastraron fuera y lo devoraron durante otros 32 desgarradores minutos.

16. Mi habitación sin ventana es en realidad el lugar de paso para ir del pasillo a otra habitación con más camas (y con ventana). Es decir, constantemente entra y sale gente por ella, sin previo aviso, por lo que muchísimas personas ya conocen el color de mi ropa interior y el tamaño de mi (ejem) “toalla”. Estoy empezando a creer que esperan a que me esté cambiando para entrar o salir, porque no creo en “tantas” casualidades.

17. La especie de colchón sobre la que duermo me da la impresión de que ha sido utilizada para realizar espantosos sacrificios humanos o sangrientas autopsias, porque las oscuras y gigantescas manchas que tiene son indescriptiblemente horrorosas.

18. El mugriento y grasiento almohadón lo toqué el primer día con dos dedos para depositarlo con cuidado sobre la polvorienta y olorosa moqueta, y nunca más quiero volver a tocarlo en toda mi vida.

19. El fluorescente que tengo que mantener encendido a todas horas (por la ausencia de ventana) tiene tan pocos watios y está tan recubierto de moscas, que hay zonas sombrías de mi habitación que todavía ni me he atrevido a investigar.

20. Cada dos días hay tormenta de arena y la habitación se cubre de una nueva capa de polvo y arena que se cuela por el techo y va tapando todas mis cosas más y más (ya ni encuentro la F de FOCAD y frenadol).

21. Mi habitación no tiene ventana, pero está comunicada con la otra habitación por un enorme hueco en la pared, por donde circulan los efluvios de gato y los escuadrones de moscas y mosquitos.

22. Varias noches me he despertado por los ronquidos que vienen de la otra habitación a través del enorme hueco.

23. Varias noches me he despertado por las peleas de gatos en el pasillo.

24. Una noche me desperté porque llegaron los de PTM en avión a las 4 de la madrugada y no tenían sitio para todos en su habitación y uno de ellos pasó a dormir sobre una especie de colchón que un día apareció en la habitación y otro día desapareció.

25. Mi habitación es un lugar de paso my transitado, en donde a veces aparecen y desaparecen cosas, por lo que SIEMPRE llevo encima el pasaporte, el billete de avión, el dinero y el portátil. Siempre significa siempre, incluyendo los inolvidables momentos en la letrina. Tal vez esto explica esas manchas en la tapa del portátil…

26. Al amanecer, la temperatura exterior es de 3ºC o 4ºC, y la de la habitación será ligeramente superior (5ºC o 6ºC).

27. Varias noches me he despertado por el frío y por las ganas de mear que provoca el frío.

28. Varias noches me he despertado porque la gente de la otra habitación atravesaba la mía porque se habían despertado por el frío y tenían ganas de mear provocadas por el frío.

29. Varias noches me he despertado porque la gente de la otra habitación se despertaba (por los ratones, por los perros, por las cucarachas) y encendían la luz, y la luz atravesaba el enorme hueco de la pared.

30. Varias noches me he despertado por las toses de la gente de la otra habitación (de polvo re-retosido, etc.).

31. Alguien podría pensar que el ciclo de la vida de la habitación queda así: mi piel sin duchar es comida por las moscas que son comidas por las cucarachas que son comidas por los ratones que son comidos por los gatos que son comidos por los perros salvajes. Pero no, no es así. Los perros se comen entre ellos (a dentelladas), las cucarachas son comidas por los gatos y por los escorpiones, los ratones se comen mis papeles, y, a medida que van enfermando, muriendo y pudriéndose, todos son comidos por las moscas, que yo aplasto contra la pared. Las paredes están hechas un asco, claro.

32. Los de la habitación del otro lado del enorme hueco de la pared han colocado en el suelo galletas con veneno para matar a los ratones. No sé si ahora habrá ratones envenenados pudriéndose bajo la moqueta y comidos por las larvas de las moscas que yo aplastaré contra la pared, pero lo que sí sé es que ha aparecido un devuelto de gato cerca de la V de visera (y ahora también de vómito).

33. Los de la habitación de al lado queman incienso para mitigar el olor a meada y vómito de gato, pero ahora la habitación huele a una mezcla entre iglesia y urinario público.

34. No recuerdo la explicación electromagnética del asunto, pero la famosa moqueta hace que toda mi ropa y mi (poco) pelo se hayan electrificado, y cuando me quito el forro polar o entro o salgo del saco de dormir, saltan chispas y recibo pequeñas descargas eléctricas que me desvelan durante horas. O tal vez mi desvelo lo produzcan los 35 tés que diversas circunstancias me obligan a tomar al día, no sé.

Pero por lo demás, duermo muy bien. No os preocupéis por mí.

En definitiva, estoy muy contento con mi habitación, porque tiene cama, mesa y silla, y porque he dormido en sitios peores… creo. Os envío algunas fotos, pero no os engañéis por la luminosidad del flash, porque la realidad es más oscura, más olorosa, más penetrante…

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