Aire Fresco

 

Hoy ha sido un día especial, diferente.

Por la mañana, nada me hubiera hecho pensar que el día fuera a tener nada distinto de lo común, pero a medida que han ido avanzando las horas me he dado cuenta de que sí, de que estaban pasando cosas que iban a hacer que al llegar la noche me encontrara escribiendo otra vez aquí, después de tanto tiempo.

Lo primero que me ha hecho despertar a una realidad diferente ha sido la visita a mi trabajo de un amigo al que hacía muchísimo tiempo que no veía. Nada más verle, no he podido evitar gritar su nombre de alegría, sin pensar. Y más tarde, al abrazarle, he sentido de manera simultánea la presión que ejerce sobre mí el día a día de esta vida que muchas veces siento que no es mía y una bocanada de aire fresco entrando a través de mi cuerpo por una especie de rendija que solo las grandes amistades son capaces de abrir.

La alegría ha sido doble al saber que se encuentra muy bien de salud y también feliz después de varios años difíciles. Yo tenía que seguir trabajando y nos hemos tenido que despedir con una sonrisa y con la promesa de que esta vez tardaríamos menos tiempo en volver a vernos.

Ya en el trabajo y al poco rato de estar sentado en mi mesa otra vez revisando papeles, he recibido la llamada de Bidesari convocándome a la despedida de uno de los chicos. Tras varios días sin poder acercarme por el piso la llamada ha surgido como una oportunidad de volver a entrar en su rutina y sin pensarlo he respondido que por la tarde nos veríamos.

La visita de un amigo, Bidesari, estaba claro que aquel día no estaba siguiendo el guión habitual. Me lo ha confirmado la llamada a mi novia justo antes de comer, una llamada que ha terminado en discusión y que ha hecho que se me cerrara el estómago. ” Día de emociones”, he pensado, “a ver cómo acaba”.

La tarde la he pasado trabajando, buscando la solución a problemas tan duros como una roca mientras pensaba en cómo iba a arreglar una discusión bastante menos dura pero que iba a pesar mucho más si no se solucionaba.

De camino a Bidesari me ha llamado mi jefe y como hoy tocaba día raro, ya sí que sí, he recibido una bronca. Una bronca que encima ha sido de esas que duelen el doble porque sabes que es por culpa de una serie de malas noticias que no gusta escuchar más que por fallos en el trabajo. Sin embargo, como hoy ya tenía asumido que el día venía como venía, después de colgar el teléfono y ya a la altura de Bidesari, he decidido tratar de olvidar.

No me ha costado nada, ningún tipo de esfuerzo olvidar. Al atravesar la puerta de la cocina del piso he visto a los chicos alrededor de la mesa, a Susana con su enorme sonrisa y a un par de voluntarias y educadoras que no conocía y casi sin querer me ha salido sonreír, me he relajado y me he puesto a cenar.

Después de las típicas bromas le ha tocado hablar al chico que hoy se despedía, una persona que ha hecho un gran trabajo y al que yo creo que le va a ir bien.

Puesto en pie ha dado las gracias a los educadores, a sus compañeros y cuando ha llegado el momento de dirigirse a los voluntarios nos ha dicho: “muchas gracias, sois una bocanada de aire fresco cada vez que venís”. Nada más terminar esa frase me ha venido a la cabeza la imagen de esta mañana y el recuerdo de mi amigo Alfonso al que hacía tanto tiempo que no veía y me he sentido bien, muy bien.

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