
En mayo del año pasado entró en el piso de acogida Nico, un chico del que muchas veces me acuerdo y que pongo de ejemplo cuando me toca explicar lo difícil que puede llegar a ser salir de una situación de drogas y cárcel si no cuentas con la ayuda y las herramientas adecuadas para hacerlo.
El día que me presentaron a Nico se mostró tímido, agachando la cabeza y sin sonreír. Estaba sólo en su habitación y le encontré nervioso, intentando habituarse a un espacio diferente al de la celda en la que había estado viviendo durante más de cinco años. En la cena de ese día estuvo algo ausente, y ante un par de comentarios que le hicieron se mostró muy a la defensiva. Después, cuando nos fuimos a despedir, le dije que nos veríamos el sábado pues ese fin de semana yo lo tenía libre, venía buen tiempo y dar un paseo por la playa después de meses de lluvia era un plan de lo más apetecible.
Llegó el sábado y quedé con Jon, el educador al que le tocaba hacer ese fin de semana, en la salida de metro de Las Arenas. La temperatura era buenísima, así que en manga corta y con una lata de coca-cola en la mano me senté en un banco y me dediqué a observar a la gente que iba saliendo del metro. Con muy pocos minutos de retraso aparecieron los del piso: primero salió Jon y después fueron saliendo todos los chicos. Nico estaba entre ellos, eso sí, el último y mirando al suelo apenas me dijo hola al darme la mano. Cuando empezamos a caminar para dirigirnos al paseo marítimo Nico se colocó a mi lado y casi sin decirle o preguntarle nada, empezó a quejarse.
- No me gusta nada cómo se funciona en el piso, he propuesto tres o cuatro planes diferentes y no han querido hacer ninguno, para el caso que se me ha hecho no vuelvo a proponer nada. Ayer, para escoger la peli de vídeo, pasó lo mismo. A mí me gustaban tres o cuatro diferentes y al final nos llevamos una porquería, nada que ver con las que yo había elegido. Fíjate si era mala que todos se fueron a dormir antes de que terminara, todos menos yo, que aguanté hasta el final. No me parecía bien irme antes, si te gastas el dinero en alquilar una película tendrás que verla. Por eso me quedé, me parecía una falta de respeto irse a la cama sin ver el final.
-Bueno- le respondí yo- nadie está obligado a ver la peli si tiene ganas de dormir, ¿no?
-No lo sé, a mí me pareció una falta de todo, y hoy lo mismo, vengo porque no me queda otro remedio. Yo quería ir al monte o correr, hacer algo de ejercicio, entresemana ya paseamos bastante y no hacemos nada de deporte.
Llegado a este punto de la conversación ya estábamos frente a El Abra, el cielo estaba azul, apenas había ruido y la brisa soplaba y te envolvía como solo lo hace en los primeros días de mayo.
-Pero vamos a ver Nico, mira al frente, mira el mar. ¿No crees que merece la pena dejar de pensar que todo el piso está en tu contra y disfrutar de este momento?
Miró al frente, y tras permanecer unos segundos en silencio, volvió de nuevo sobre el tema de que él quería haber ido a correr y no paró hasta la comida, cuando al terminar uno de los bocatas de tortilla más ricos que nos habremos comido en nuestra vida, reconoció por fin que lo estaba pasando bien.
-¿No ves?- le dijo Hassan- te dije que lo ibas a pasar bien.
Nunca he conocido a nadie con una imagen tan negativa de la vida y con una desconfianza en los demás como la que tenía Nico en sus primeros días en el piso, y tampoco he conocido a nadie que en tan pocas semanas lograra un cambio de actitud tan profundo que le llevara a creer en el “si me lo dicen es porque me quieren ayudar” en vez del “me lo dicen porque me quieren fastidiar”. Cambió tanto, asimiló tantas herramientas con las que poder auto-convencerse de que en su mano estaba cómo vivir y qué hacer con su vida que cuando llegó su despedida, antes de dar el salto a comunidad, le dije que ver su evolución se había convertido en una de las razones que daba sentido a mi voluntariado.
A pesar de todo el trabajo y del cambio de actitud, el otro día me enteré de que a Nico le habían expulsado a los pocos meses de entrar en Comunidad y de que le habían mandado, de la misma, a prisión.
Una pena.
Cuando te dan una noticia así, cuando te dicen que tal o cual chico ha vuelto a la cárcel, te toca buscar una razón para esa recaída y otra razón para continuar ayudando a gente que sabes que lo tiene muy difícil. Vamos, lo que a veces nos toca escuchar, el famoso “para qué les ayudas si a los pocos días volverán a la cárcel”
Yo siempre pienso lo mismo. En primer lugar, me repito y compruebo que hay gente que tras su paso por Bidesari no vuelve a consumir y tampoco vuelve a la cárcel y como segunda razón y casi principal, siempre pienso que durante esos días que estuvieron en Bidesari, estas personas no consumieron y pudieron disfrutar en libertad de tardes como la de aquel fin de semana en la que nos dimos un pequeño paseo al aire libre, “eso que se llevan”, pienso, “ese día ya no se lo quitará nadie”.

