En marzo de 2011 empecé como voluntario de Bidesari y recuerdo que en la entrevista que hice antes de entrar, Roberto, responsable de voluntariado, me explicó los diferentes proyectos que Bidesari tenía: me habló del piso de acogida para gente recién salida de prisión, del piso de inmigración y del piso de reinserción y me explicó que el proceso se iniciaba en prisión sin llegar a cerrarse nunca del todo gracias a la existencia de un proyecto nacido como punto de encuentro llamado Topaleku.
Roberto, en esa entrevista, me describió Topaleku como una idea que cerraba o daba continuidad al proceso iniciado en la cárcel al crear un espacio en el que pudiera encontrarse gente que había vivido o estaba viviendo un proceso de reinserción con otras personas que podían ser del ámbito de Bidesari… o no serlo. Y yo pensé, “pues eso tiene que estar muy bien” y no me equivocaba porque desde las primeras veces que pude acercarme a ese espacio comprobé que Topaleku estaba o está muy bien.
Tengo varios recuerdos muy chulos. Las pelis de los martes antes de subir al piso de acogida y los comentarios a esas pelis durante la cena, un sábado por la tarde jugando al Trivial alrededor de una mesa, los espectáculos de Virginia Imaz y los monólogos de Javier Mañón y también recuerdo esa información de talleres a los que siempre pensé en apuntarme pero a los que al final nunca he podido ir…
El último momento que sé que va a quedar ahí, en mi memoria, es de este pasado viernes. Tocaba monólogo de Javier Mañon y ahí bajamos todos los chicos del piso de acogida y yo. Una semana antes del día de la actuación, se suele comentar en el piso que el viernes hay que bajar a Topaleku y según se va acercando la fecha empiezan a recordarse momentos de actuaciones pasadas y las cenas acaban siendo muy animadas. Gracias a ese precalentamiento, nada más pasar la puerta de Topaleku ya estábamos todos con una sonrisa en la cara y pasados diez minutos, como siempre pasa, ninguno de nosotros podía parar de reír.
Sin embargo, a pesar de eso, a pesar de no poder parar de reírme, en un momento de descanso de Javier, pude echar un vistazo a las caras de alguno de los chicos del piso a los que tanto les cuesta sacar media sonrisa y pensé que conseguir sus carcajadas no tenía precio. Eso pensé, aunque todos sabemos que sí que lo tiene, por desgracia.
Y es que la crisis llega a todos lados y también ha llegado a Topaleku. Cuando faltan ingresos hay que recortar de algún sitio y como sucede en un hogar, en el que a la hora de decidir entre pagar el alquiler, la educación de los hijos o ir al cine…acaba perdiendo siempre el cine, en Bidesari también ha habido que hacer ese triste análisis y la conclusión ha sido que Topaleku debe cerrar.
Igual es un error eliminar esos pequeños momentos de diversión ahora que la crisis aprieta más que nunca y se ha agarrado a nosotros la tristeza y el pesimismo, pero es una decisión que por lo menos da cierto margen para poder llegar a fin de mes algo más desahogado. Triste, está claro, pero vivo al fin y al cabo.
Supongo que será difícil, pero espero que Topaleku vuelva, o que algún día me lo vuelva a encontrar con otra forma, o con otro nombre en cualquier organización o lugar, eso espero la verdad. De momento, habrá que disfrutar y aprovechar esos tres meses que todavía nos quedan y agradecer a Gaizko y a todos aquellos y aquellas que pasaron por Topaleku el haber conseguido juntarnos a tan variada gente con el propósito de hacer nuestra vida un poco más feliz.
Desde aquí, muchísimas gracias.
Carta de Topaleku
http://blogs.vidasolidaria.com/bidesari/2011/12/01/carta-de-topaleku/


