
La sensibilidad se encuentra donde menos te lo esperas. Esa es la conclusión que hace un par de semanas saqué después de ver unos dibujos y escuchar una canción en el piso de acogida.
Cuando llego al piso lo primero que hago es dejar mis cosas en el cuarto de los educadores que está justo a la entrada, después charlo un rato con la educadora a la que le toque estar esa tarde y casi seguido, entro en el pasillo del piso para buscar a los chicos en el salón o la cocina. El otro día, al no encontrar a ninguno de ellos en el salón, fui directo a la cocina donde me encontré con Fidel cocinando. Le saludé y como siempre que entro en cualquier lugar donde se está cocinando algo, me puse a husmear entre las cacerolas lo que tendríamos para cenar. Tras comprobar que otro martes tocaba sopa y tortilla a la francesa, me dí la vuelta y ahí, colgados en la pared junto al calendario de viejas fotografías de cine, me encontré con cuatro dibujos.
- A ver si adivinas quién ha dibujado cada uno – me dijo Fidel – es una tarea de Vero, nos ha pedido que expresemos cómo nos vemos o lo que deseamos a través de la pintura – añadió levantando una ceja.
La verdad que a mí tampoco me quedaban muchas otras salidas además de la de aceptar el reto, así que decidí ponerme a ello para de un primer vistazo comprobar que los dibujos eran muy distintos entre sí. “Como los chicos”, pensé.
En el primer dibujo destacaba la enorme cara de una niña sonriendo con un sol enorme a un lado y una casa de color verde en el otro, el segundo era un paisaje paradisíaco con la típica playa de arena blanca en primer plano, quedando al fondo, un velero sin rumbo fijo. “Este tiene que ser el cuadro del de Portu”, pensé. El tercero lo podría haber firmado el mismísimo Miró: toda la lámina la cubrían unos gruesos trazos de color fucsia que formaban el tronco y las extremidades de una persona en cuyo interior se podían intuir otras pequeñas personas, quizá, jugando. Por último llegué al cuarto, donde me quedé un buen rato parado, medio sorprendido y en cierto modo atrapado por el contraste formado por una figura arrodillada de color negro agarrada a los barrotes de una celda desde la que se podía contemplar un paisaje lleno de color.
- Esto va a ser difícil – le dije a Fidel poniendo una sonrisa de circunstancias tratando de ganar tiempo.
- ¿Qué pasa Javi? – Iñaki acababa de hacer acto de presencia en la cocina. ‘Salvado por la campana ’, pensé.
- Aquí, adivinando quién ha pintado cada cuadro, este lo has pintado tú, ¿a qué sí? – le dije señalando el cuadro de la playa.
-Aupa ahí, txo, pero tampoco era muy difícil, ¿no? -me dijo riendo- el mar, la playa…ahora vengo, voy a poner un poco de música mientras me ducho antes de cenar.
-Todavía te quedan tres- me dijo Fidel riendo.
La verdad que no tenía ni idea de por dónde salir. Además, para hacerlo todavía más difícil, Iñaki acababa de poner el “Solamente tú” de Pablo Alborán a todo volumen. “¿Y esta canción?”, pensé, “pero si Iñaki era más de Metálica”
-Venga va, te voy a ayudar. Este lo he dibujado yo- me dijo como si acabara de leerme en el pensamiento que necesitaba ayuda- esa enorme cara sería la de mi hija, aunque no sé yo si me ha quedado muy lograda y la figura de color rosa la ha dibujado Mamadú; nos explicó que eran él y sus niños.
- Entonces el último es el de Manu- dije yo.
-Sí, es de Manu- me respondió dándose la vuelta para comprobar que no se había quemado nada mientras yo trataba de adivinar el autor de cada cuadro- nos dijo que así se veía él, muy arrepentido…ya sabes.
- ¿Y qué le dijo Vero? – le pregunté.
- Que eso está bien, que es bueno estar arrepentido y pedir perdón, pero que hay levantarse.
- Está claro- respondí mientras me iba al salón para tratar de asimilar tanta información.
-¿Está claro el qué?- me gritó desde la cocina.
- Está claro que la sensibilidad está donde menos te lo esperas.
Enlace al Solamente tú de Pablo Alborán en la versión que escuché aquel día en el piso..
http://www.youtube.com/watch?v=A-_vOI0EJYg

