Las despedidas a los chicos se encuentran entre los momentos más especiales que se dan en el piso de acogida. Después de tres o cuatro meses, ellos finalizan una de sus etapas y les llega el momento de empezar otra.
Hoy ha sido el día de la despedida de Marcos y como en cada despedida nos hemos juntado una buena parte de Bidesari alrededor de una mesa en la que no faltaban sándwiches, pinchos de huevo duro y como no, tortilla de patata hecha esta vez por Fidel, un chico que hace unos años pasó por la escuela de hostelería y que nos ha dejado sin palabras hasta que la hemos terminado.
Como siempre el ambiente ha sido muy bueno, muy alegre, parecido al que hay cuando se celebra un cumpleaños o una cena de amigos. Algunos voluntarios que no tenemos la oportunidad de vernos a menudo hemos aprovechado para ponernos al día, las educadoras que han podido venir, como siempre, han estado muy animadas y también atentas a todo, incluyendo al reparto del último trozo de tarta de chocolate (que también había) y por último, los chicos creo que, aunque alegres, se han sentido un poco abrumados con tanta gente, sobre todo los que llevan menos tiempo en el piso.
Marcos, el protagonista de la celebración, se ha sentado en la cabecera de la mesa y en ese lugar, presidiendo, le he visto orgulloso por haber superado cuatro meses de trabajo personal y convivencia con personas a las que no conocía de nada hace un tiempo y también algo contenido porque sí, porque todos los chicos que se despiden, a pesar de la alegría, sienten también cierto agobio pensando que van a tener que hablar delante de unas veinte personas.
Al final todos hablan y hablan muy bien, tanto que algunas veces emocionan a sus compañeros y también a nosotros. Hoy le ha tocado emocionarse al que hablaba, a Marcos. Ha dicho, “esto no son palabras vacías”, con esa voz suya tan ronca, y un “os voy a echar de menos” mirando a Seydou, a Manu, a Fidel y a Iñaki. Luego nos ha dado las gracias a todos y nos ha puesto una sonrisa enorme en la cara al sentir que esas emociones que Marcos estaba dejando escapar son una señal de que quiere seguir persiguiendo su objetivo, que no es muy diferente al que todos tenemos y que no es otro que estar bien.
Después ha habido fotos con educadores, chicos, voluntarias y voluntarios, apretones de manos y un “hasta mañana” a los que se quedaban en el piso. Sólo a los que se quedaban, porque a Marcos le he dicho un “nos vemos” y luego le he dado un abrazo.

