Pa, Pe, Pi, Po, Pu.

Seydou es un chico de ojos amables, frente despejada y piel áspera, gruesa y negra que vive en el piso de acogida.

Seydou siempre te da la mano y habla sin apartar la mirada de tus ojos, y cuando le ves andar parece que sus pies pesaran tres veces más de lo que realmente pesan. Nació en Senegal hace algunos años, algunos más de los que tengo yo, y desde hace mucho tiempo vive en Bilbao. Ha estado casado y tiene varios hijos. No sabe leer ni escribir en su lengua y hablando en español se defiende, aunque si le haces una pregunta algo más elaborada, lo más probable es que te responda que sí, aunque en el fondo esté pensando que no, que no ha entendido nada.

A Seydou le encanta el deporte, y si por casualidad descubre que en la televisión están dando un partido de tenis, de baloncesto o incluso de pelota, puedes estar seguro de que no cambiará de canal. Entre todos los deportes, el que más le gusta, con el que más sufre y disfruta es con el fútbol y de entre todos los equipos, su preferido es el Barça. Ver un partido con él es de lo más divertido porque es un espectáculo ver cómo anima, y aunque trato de mantener cierta seriedad por si acaso se molesta, a veces no puedo ni estar atento a las mejores jugadas por culpa de esos pequeños gritos de ánimo que suelta: de repente grita, “¡eeeehhh Messi!”, o dice, “Xavi” o “Villa”, cortando al máximo las sílabas para después dar un aplauso con todas sus fuerzas. También dice, “el Barça es muy buen equipa”, moviendo la cabeza de arriba abajo y si el árbitro pita en contra del Barça, el insulto más grave que le podrá lanzar será un “bandido grande” acompañado por una especie de pedorreta que hace juntando fuertemente los labios.

Esta forma de animar al Barça, o el descubrir el brillo de sus ojos delante de un plato de arroz que se sale por los bordes, o comprobar lo pendiente que puede llegar a estar del ánimo de Iñaki o de Marcos, su amigo del alma, hace que no se pueda sentir otra cosa que no sea cariño por él, incluso cuando se enfada o se pone cabezón, momento en el que creo que a todos nos toca contar hasta diez.

Seydou, justo al terminar la cena de hoy, nos ha dicho que ha empezado a dar clases de castellano la semana pasada y que estaba muy contento. Yo le he preguntado qué es lo que había aprendido ese día y me ha respondido con la cabeza bien alta y riendo que ha aprendido a leer “la, le, li, lo, lu”, “ma, me, mi, mo, mu”, “pa, pe, pi, po, pu”. Al oír su respuesta yo me he reído con él y después de la cena, viendo cómo otra vez bromeaba con sus compañeros, he pensado que esa risa es su principal arma en la vida y he pensado que bueno…que ahora, con esos  “mamemimomús”, “lalelilolús” y  “papepipopús” recién aprendidos hoy, Seydou cuenta con un arma nueva.

 

 

 

 

 

 

 

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