Crisis alimentaria y nutricional en Guatemala

Aridane Hernández, cooperante de UNICEF en Guatemala

En Guatemala se pasa hambre. La crisis alimentaria y nutricional que vive el país centroamericano no es nueva, pero se ha visto agravada por los efectos del cambio climático con sequías y por la crisis económica mundial. Para combatir esta situación, el Gobierno de Guatemala decretó el “Estado de Calamidad Pública”.

La prolongada sequía que afecta al país ha causado la pérdida de cultivos básicos de la dieta guatemalteca como el maíz y el frijol (alubias negras), que han disminuido un 36 y un 54% respectivamente. Esto ha tenido impacto de manera instantánea en la población más vulnerable del país, especialmente las niñas, niños y adolescentes. Un reciente estudio de UNICEF advierte de la disminución de la cantidad y la calidad de las comidas en muchos hogares debido a la dificultad de compra.

No es un problema de escasez de alimentos sino de acceso a los mismos. Los precios de los alimentos, especialmente los productos relacionados con la dieta básica, han aumentado en medio de una crisis económica mundial que ha impactado en muchas familias de Guatemala; numerosas personas se han quedado sin trabajo, las remesas (cantidades de dinero que mandan guatemaltecos desde el exterior) han descendido y el Estado recauda menos.

Más de un millón de niñas, niños y adolescentes menores de 18 años de edad se encuentran en riesgo alimentario y nutricional según el Gobierno de Guatemala. La pobreza, que alcanza al 56% de la población, la desigualdad e inequidad histórica y la escasa inversión social a favor de la niñez y adolescencia, puede seguir deteriorándose, hipotecando de esta manera el desarrollo social y económico del país.

UNICEF está trabajando en cinco áreas prioritarias para hacer frente a esta emergencia: brindando fórmulas terapéuticas contra la desnutrición severa; contratando y capacitando recursos humanos de salud para que respondan de manera más adecuada a esta situación; promoviendo la lactancia materna exclusiva y la alimentación complementaria a través de una estrategia de comunicación; distribuyendo suministros en las áreas prioritarias para preservar el agua segura y saneamiento y brindando asistencia técnica a las autoridades de salud y nutricional.

La escasez de alimentos tiene consecuencias severas –incluso irreparables- para el desarrollo de las niñas, niños y adolescentes. Si no cuentan con una alimentación equilibrada, su rendimiento educativo disminuye, lo que repercutirá en su desarrollo humano y desempeño laboral. Romper con este círculo vicioso supone construir las bases para un desarrollo más justo.

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elcorreo.com

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