Educación Primero

Resulta cuanto menos curioso que en los tiempos que corren, absolutamente digitales y donde las fronteras se han difuminado a golpe de “tweet”; sea la radio, medio de comunicación “offline”, auténtica rareza para aquellos jóvenes que nacieron con el nuevo milenio,  la que se haya convertido en “trending topic” en la cuenca del Lago Chad, para 1,3 millones de niños y niñas.

No es porque lo hayan escogido. Desgraciadamente esta región africana, que abarca 4 países (Camerún, Chad, Níger y Nigeria), se ha convertido en un auténtico infierno donde Boko Haram está sembrando el terror. Los desplazamientos a los que se ven obligadas millones de familias que quieren huir del conflicto, están generando graves desafíos humanitarios en la región.

La falta de agua, se había convertido en la prioridad de los programas de ayuda oficial. Especialmente porque millones de niños y niñas estaban expuestos a enfermedades como el cólera o la diarrea. Pero en casos de crisis humanitaria, la gran damnificada es la educación.


Por eso se hace necesario buscar soluciones innovadoras para grandes males. Allí donde no es posible instalar una escuela, ni siquiera una de campaña, se ha de hacer lo posible para que los niños y niñas no se desconecten de su educación. Fundamental para su desarrollo y el desarrollo de su comunidad.

Si los niños y niñas no pueden acudir a la escuela, la escuela viajará hasta sus casas a través de la radio. La oficina regional de UNICEF en África Occidental y Central y la Unión Europea han puesto en marcha un programa educativo a través de este medio. “Se trata de un prototipo regional de radio educativa que mantendrá a los niños en una rutina formativa muy positiva” destaca Marie-Pierre Poirier, directora de la oficina regional de UNICEF.

Se trata de 144 episodios en los que se abordarán temas como la lectura, escritura, aritmética o mensajes de supervivencia y protección infantil. Se emitirán tanto en francés como en las lenguas locales, para que resulte accesible a todos los niños y niñas y consigan mantener su ritmo educativo.

 

UNICEF considera que recibir una educación de calidad y gratuita es derecho de todos los niños y niñas del mundo, independientemente de su raza, su religión o su estatus socioeconómico. Sin embargo, la realidad nos dice que los conflictos, desastres naturales y situaciones de desventaja, hacen que la educación quede relegada a un segundo plano.

Esto mismo lo ha podido constatar Malala Yousafzai, activista por la educación que tristemente se hizo célebre por haber sido atacada cuando tan solo pretendía seguir estudiando. Malala ha visitado recientemente Nigeria, un país que tiene absolutamente lastrado su futuro: es el país del mundo donde más niños y niñas no asisten a clases. De hecho, de todos los niños y niñas que no acuden a la escuela en África occidental, el 46% son nigerianos.

Una situación aún más dramática para las niñas, para las que Malala pidió prioridad absoluta “los estudios son claros”, admitió, “educar a las niñas favorece la economía, la reducción de conflictos y mejora la salud pública”.


UNICEF colabora en todo el mundo para paliar esta situación, colabora con gobiernos como los de Camerún, Níger o Nigeria y promueve la creación de espacios para el aprendizaje y la distribución de material educativo. Y sin embargo, la respuesta sigue estando infrafinanciada.

De hecho, sobre la crisis del Lago Chad se habló por primera vez en la Conferencia Humanitaria de Oslo celebrada el pasado mes de febrero. Allí se constató que la respuesta internacional no estaba siendo la adecuada, que no había sido un asunto prioritario en las agendas públicas. Al final de la cita 14 países decidieron apoyar la solución con casi 650 millones de euros en programas.

La educación sigue siendo el pilar fundamental en el desarrollo de la infancia y la mejor inversión que el planeta puede hacer. Hay 57 millones de niños y niñas en todo el mundo sin escolarizar. Hay que seguir trabajando hasta que el contador llegue a cero con la persuasión y las evidencias; la ley y los derechos; un lápiz y un cuaderno.

#RompeElMuro

Son muchos los sentimientos que un niño o niña migrante vive en el transcurso de su viaje. Se inicia en el mismo momento en el que se constata la necesidad de huir de su país de origen, ya que nadie deja su hogar y nexo más cercano con el mundo por gusto. Una vez en tránsito, la seguridad se convierte en el principal temor. Solventado eso parecería que todo ha terminado. Pero una vez llegan a Europa, el lugar donde supuestamente una red de protección le va a brindar amparo legal y social, se encuentra con múltiples barreras: la incomprensión, la discriminación, la xenofobia en todos los estratos de la sociedad, el miedo al diferente, prejuicios que lo hacen invisible o directamente repudiado…

UNICEF ha lanzado la campaña #RompeElMuro para instar a la ciudadanía a superar esas barreras mentales y comprender las razones por las que huyen quienes huyen. “He venido a España a trabajar y estudiar” dicen algunos de los protagonistas de las historias que han inspirado a UNICEF a la hora de realizar un experimento social. Lo puedes ver a continuación.

 

 

Se recogen las reacciones absolutamente espontáneas de personas que paseaban por allí en aquel momento (CaixaForum, Madrid)  y que se interesaron por el muro que había instalado UNICEF. Afortunadamente, la humanidad y empatía de las personas sigue sorprendiendo.

Las razones de peso

UNICEF pide mirar alrededor y tomar conciencia de lo que ha vivido un niño o niña migrante y refugiado. Ni siquiera es fácil que llegue vivo a las costas europeas: en 2016, 700 niños y niñas murieron en aguas del Mediterráneo y más de 21.000 se encuentran bloqueados en Grecia. Además se enfrentan a detenciones ilegales basándose solo en su estatus migratorio o a devoluciones automáticas en frontera. Todo ello no solo atenta contra los derechos humanos de las personas sino que además, específicamente, va contra lo recogido en la Convención sobre los Derechos de los Niños, que pide protección y cuidado para asegurar el bienestar infantil sea cual sea su raza, religión, etnia o sexo.

 

“Ser musulmana no significa ser terrorista”

Son las palabras de Nora, de 18 años. Una de esas historias de vida que inspiran el trabajo de UNICEF en el día a día.

 

“Siempre he tenido que ser como un adulto”

De Guinea Conakri a España. El camino de Malick incluyó varios países, desiertos y la peligrosidad de una travesía en patera. La consecuencia es que tuvo que acortar su infancia. Tuvo que ser adulto antes de tiempo.

El trabajo de UNICEF

En UNICEF trabajamos para mejorar las vidas de los niños refugiados y migrantes en sus países de origen. Además, estamos presentes durante el viaje para garantizar su salud y protección. Una vez en Europa, movilizamos a los gobiernos para introducir cambios en las leyes y garantizar su bienestar.

Rompe el Muro y ayúdanos a hacerlo posible https://www.unicef.es/rompe-el-muro

 

 

 

 

Becas ONU: un tren que hay que coger

Es muy atrevido meterse en la piel de una persona cooperante voluntaria e imaginar sus sentimientos al embarcarse en una aventura de tal calibre. Directamente, hemos optado por preguntar a una de ellas: “Yo pagaría por hacer esto” nos dice Araia Tamayo, una vizcaína de 32 años, beneficiaria de una de las becas que la Agencia Vasca de Cooperación al Desarrollo ofrece con el objetivo de realizar un proyecto en uno de los organismos internacionales del sistema de Naciones Unidas. Araia está en Mauritania. Se presentó a UNICEF, Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, porque “los niños son la población más vulnerable y para mí es el mayor honor poder servirles”.

Las becas se convocan anualmente y tienen una duración de 12 meses (prorrogable a dos años). Un periodo que la persona cooperante aprovecha para absorber y degustar cada minuto, como si de un preciado tesoro se tratara, a pesar de que al principio surjan pequeñas dudas, “me daba pena separarme de mi familia, de mi gente y dejar mi trabajo” dice Araia. Un pequeño tributo que hay que pagar en aras de un objetivo mayor.

 

“Con mis imágenes intento contar historias, y mostrar las luces y las sombras que percibo en la realidad. Por ejemplo, aquí en Mauritania, hay mucha miseria, pero también mucha nobleza y mucha riqueza cultural. Para mí es importante hablar de las dos cosas”. Araia ha puesto al servicio de quien más lo necesita, toda su experiencia “como profesional del audiovisual siempre he ofrecido esta herramienta a la cooperación, sobre todo a favor de la interculturalidad e intercambio”.

Todos tenemos algo que ofrecer, pero los perfiles más demandados requieren de habilidades en comunicación, planificación, monitoreo, capacidad de análisis y trabajo en equipo. Araia pertenece a uno de los grupos transversales en las oficinas locales, el de los profesionales de la comunicación. Pero también, profesionales sanitarios, licenciados en derecho, profesionales relacionados con las ciencias sociales, la educación y agua-saneamiento-higiene.

Araia sigue desempeñando su labor en Mauritania y, con los datos en la mano, es probable que pueda hacerlo en el futuro: desde que el Programa de Becas ONU-Gobierno Vasco se puso en marcha en 1997, de todos los participantes con UNICEF, más de 240, un 30% de los becarios fue contratado por alguna Agencia del sistema de Naciones Unidas y un 40% de ellos, está vinculado profesionalmente al ámbito de la Cooperación.

Historias de éxito tras las que se esconde una profunda vocación de ayuda y servicio a los demás. “Si no me daban la oportunidad, lo llevaría siempre en la cabeza”. Araia cogió su maleta y su pasión e hizo caso a una amiga que le dijo: “Ni te lo pienses. Trenes así solo pasan una vez en la vida”.

Consulta aquí las bases para optar a la beca.

Yo también opino: Bilbao y las personas jóvenes

Cuando a un niño, niña o adolescente se le pregunta por cómo imaginan su ciudad ideal, podemos preparar nuestro lápiz y papel para apuntar una larga lista. “…los parques con columpios, las canchas de baloncesto, los parques donde haya verde, ah, y queremos otro Artxanda!” Los niños y niñas que han participado en los talleres recientemente organizados por el Ayuntamiento de Bilbao han dejado bien claro que si les preguntan, opinan. Pero lejos de caer en el tópico de que tan solo quieren jugar y viven con grandes dosis de idealismo, en ocasiones, dejan ver una realidad cada vez más presente en la agenda de los gestores públicos: “¿y si queremos más bibliotecas o más teatros, más cultura?” o “Nos dicen que solo jugamos con el móvil, pero mis amigas y yo, cuando salimos, no podemos hacer nada, porque no nos ofrecen nada. ¿Nos sentamos en un banco a hablar?”

Existe un mito, una leyenda urbana, que dice que las personas jóvenes no se involucran con su entorno, que no les gusta participar en eso que se conoce como debate público. “Los jóvenes siempre dicen: ¡qué rollo!” es una de las frases más manidas y que menos fielmente reflejan la realidad. ¿Hemos probado a preguntarles?

El Ayuntamiento de Bilbao lo ha hecho. Lo está haciendo porque ambiciona ser Ciudad Amiga de la Infancia (CAI), el sello que UNICEF otorga a las ciudades y municipios que, entre otras cosas, incorporan la voz de los niños y niñas en la toma de decisiones de sus políticas. Por eso, hasta el 31 de mayo el consistorio quiere recabar el mayor número de opiniones posibles y hace un llamamiento a los niños, niñas y adolescentes que tengan entre 8 y 17 años y que vivan en Bilbao, para rellenar una encuesta on-line, sencilla y anónima (a la que se accede pinchando aquí)


CIUDAD AMIGA DE LA INFANCIA

Quienes obtienen el reconocimiento CAI se comprometen a hacer cumplir los 54 artículos recogidos en la Convención sobre los Derechos del Niño. Es precisamente en este tratado internacional donde encontramos, de forma explícita, la obligación de los Estados a garantizar que los niños y niñas tengan derecho a expresar su opinión y a que ésta se tenga en cuenta en todos los asuntos que les afectan.

El sello CAI premia a los ayuntamientos más involucrados con los derechos de la infancia, sin olvidar que éstas son las instituciones más cercanas a los niños y niñas. En sus barrios, pueblos, villas, municipios o ciudades los niños y niñas aprenden a jugar y a relacionarse, de ahí la importancia de contar con acceso a servicios de calidad en educación y en salud. Los consistorios son quienes primero deben garantizar el bienestar de la infancia, en colaboración con instancias superiores como diputaciones y gobiernos.

Bilbao está haciendo una apuesta valiosa y valiente. No se trata de plantar 4 árboles más en Santutxu o Zorroza, sino de sembrar un frondoso bosque que realmente altere el ecosistema. Los niños, niñas y adolescentes quieren ayudarnos a tener una ciudad mejor. ¿Les escuchamos?

 


#CierraUNICEF: por un mundo donde no sea necesario

Tras setenta años de trabajo, UNICEF ha mejorado la situación de millones de niños y niñas en el mundo gracias a vacunas, alimento, escuelas y protección en países de todo el mundo. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer para que se haga realidad su sueño más deseado: cerrar UNICEF.

Y es que cerrar significaría que los derechos de todos los niños y niñas de cualquier lugar del mundo estén cubiertos, que todos pudiesen vivir en lugares fuera de conflicto y que tuvieran sus necesidades primarias completamente satisfechas.

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Todavía en 2017 cincuenta millones de niños y niñas sufren desnutrición aguda, 61 millones no van a la escuela y el trabajo infantil y el matrimonio infantil son una triste realidad a la que muchos se tienen que enfrentar diariamente sin recursos para poder evitarlo.

En los últimos 17 años se ha salvado la vida de 48 millones de niños y niñas menores de cinco años, entre 1990 y 2015 se ha proporcionado acceso a agua potable a 250 millones de personas; y cada año entre dos y tres millones de niños consiguen salvar su vida gracias a una vacuna.

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Pero, a pesar de estas cifras positivas, las hay también muy alarmantes: 16.000 niños y niñas están muriendo cada día por causas evitables como la diarrea, 50 millones padecen desnutrición aguda. A pesar de nuestro esfuerzo, el número de menores que se ven obligados a trabajar para ayudar a sus familias asciende a 168 millones.

Las situaciones extremas a las que se enfrentan en sus países de origen ponen en peligro cada segundo de sus vidas: 535 millones de niños y niñas viven en lugares afectados por conflictos o desastres naturales. La guerra en Siria y la crisis de los refugiados, la hambruna en Sudán del Sur, el conflicto en Yemen o la violencia en Nigeria son solo algunas de las emergencias que hacen que UNICEF siga siendo necesario.

 

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No podemos dar la espalda a estos niños y niñas indefensos. En sus más de setenta años de vida UNICEF ha demostrado gracias al apoyo de todos que un mundo mejor para la infancia es posible. Pero todavía queda mucho trabajo por delante. Alcanzar el cierre de nuestra organización es una utopía que puede hacerse realidad con nuestro esfuerzo y tu ayuda. Colabora con nosotros y #CierraUnicef.

 

 

La hambruna en Sudán del Sur amenaza la vida de 1,1 millones de niños y niñas

Nyakena se despertó una noche en medio de un fuego cruzado que amenazaba con matarla a ella, a su marido y a los dos mellizos que ambos esperaban. No tuvo más remedio que huir sin mirar atrás, perdiendo la pista de su marido y quedándose sola, embarazada, sin ningún lugar a donde ir y sin nada que comer.

Este es solo un ejemplo de las historias que se escuchan a diario en la clínica del Centro de Protección de Civiles de Juba, Sudán del Sur. La temporada seca, los conflictos armados y la altísima inflación del país han traído consigo una hambruna que está poniendo en peligro a cerca de cinco millones de personas en todo el país, más del 40% de la población.

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La declaración del estado de hambruna implica que la falta de alimentos es tan grave que la gente se está muriendo, literalmente, de hambre. En Sudán del Sur 1,1 millones de niños y niñas sufren desnutrición aguda, y 4,9 millones de personas más sufren una inseguridad alimentaria que puede dejarles sin comida en muy poco tiempo.

Dos de los hijos de Athill, de ocho meses, tienen el mismo peso que un recién nacido sano, cuatro kilos, y el resto de sus hijos tienen que caminar ocho kilómetros para poder acceder a los alimentos terapéuticos que necesitan para no caer en la desnutrición.

“La mayoría de las veces nos tenemos que aguantar el hambre, o comer unas pocas de estas semillas una vez al día porque no podemos comprar nada para alimentarnos. Vivo con miedo de que si no llueve pronto se acaben las semillas y no tengamos ni siquiera eso para calmar el hambre”, nos cuenta.

Además, el difícil acceso a los alimentos en Sudán del Sur aumenta las probabilidades de infectarse de otras enfermedades graves como el cólera, el sarampión y la malaria, la que sigue siendo la principal causa de morbilidad entre los niños y niñas menores de 5 años.

hambruna_en_Sudan_del_Sur_amenaza_la_vida_de_1,1_millones_de_ninosDesde UNICEF trabajamos en Sudán del Sur para que estas cifras tan alarmantes se reduzcan lo más rápido posible y salvar la vida de los millones de niños y niñas bajo la amenaza de la desnutrición aguda grave. Pero todavía tenemos mucho trabajo por delante, y solo podemos conseguirlo con tu ayuda.

Acción Humanitaria para la Infancia 2017

Uno de cada cuatro niños y niñas viven en países en situaciones de emergencia, con conflictos armados o desastres naturales afectando a sus vidas y a su futuro. Ellos son siempre los primeros que sufren las consecuencias de la falta de agua y alimento, de no tener acceso a la escuela o de la pérdida de sus familiares y amigos.

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En la actualidad 81 millones de personas, de las cuales 48 millones son niños y niñas, necesitan ayuda urgente para sobrevivir como vacunas, educación, agua potable o apoyo psicológico. En su informe Acción Humanitaria para la Infancia 2017, UNICEF pide una cantidad de 3.000 millones de euros para poder cubrir estas necesidades.

48 países se encuentran en situaciones de emergencia, y UNICEF se encuentra en todos ellos para atender las necesidades inmediatas de los afectados, además de prevenir y reducir el impacto de futuras crisis, y aumentar las oportunidades de futuro para los niños, niñas y adolescentes. Los datos son alarmantes:

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  • Tras seis años de conflicto, en Siria se siguen vulnerando los derechos más básicos de millones de niños y niñas.
  • La violencia ha obligado a 2,4 millones de personas a desplazarse y 400.000 niños y niñas padecen desnutrición aguda grave en Nigeria.
  • 11 millones de personas necesitan ayuda humanitaria por el incesante conflicto de Irak.
  • En Sudán del Sur los niños y niñas se encuentran en riesgo de sufrir desplazamiento, violencia y enfermedades.
  • Casi dos años de guerra después, la desnutrición en Yemen ha llegado a límites sin precedentes.
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No podemos dar la espalda a las emergencias. UNICEF no abandonará los países en conflicto ni a los niños y niñas cuyas vidas están en peligro. Pero necesitamos tu ayuda. Entre todos, conseguiremos un futuro mejor para ellos. Seguimos trabajando.

 

El invierno en Oriente Medio expone a millones de niños y niñas a las bajas temperaturas

El crudo invierno de Oriente Medio con sus gélidas temperaturas dificulta aún más la situación de millones de niños y niñas que se han visto afectados por la crisis de la región.

“Los meses de invierno son brutales para los niños”, explica Geert Cappelaere, director regional de UNICEF para Oriente Medio y el Norte de África. “Ya están debilitados por meses de desnutrición y falta de atención médica, lo cual les pone en riesgo de sufrir hipotermias y graves infecciones respiratorias debido al frío”.

Tras años de conflicto en los que los desplazamientos han sido constantes, los recursos económicos de las familias son cada vez menores, y sin acceso al empleo se les hace imposible adquirir cualquier tipo de ayuda para paliar las bajas temperaturas.

Los campos o refugios temporales están acogiendo a más de 2,5 millones de niños y niñas en Siria, Iraq, Jordania, Líbano, Turquía y Egipto; donde UNICEF trabaja incansable proporcionándoles kits de invierno, que incluyen ropa, bufandas, guantes, zapatos y mantas térmicas para cientos de familias; muchas de las cuales han perdido todas sus posesiones durante su huída.

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Por otra parte, el apoyo durante el invierno se une a los programas de salud, nutrición, agua y saneamiento, protección y educación;que siguen llegando a millones de niños y niñas vulnerables en la región.

En esta larga lucha, UNICEF trabaja para que todos los finales sean felices. Finales como el de Mustafa, que tras meses y meses de intenso recorrido ha logrado juntarse con su madre en Alemania; donde han comenzado una nueva vida lejos de los bombardeos y la violencia de su país natal, Siria. Ya ha hecho muchos amigos en el colegio, donde se esfuerza por aprender la lengua.

Para que estas historias sean las protagonistas de nuestra batalla, tenemos que seguir trabajando; pero las necesidades son mayores que la respuesta. Pese a las ayudas recibidas, UNICEF se enfrenta a un déficit de 38 millones de dólares para proporcionar la asistencia necesaria a todos los afectados por el frío. Si no recibe más fondos UNICEF no podrá proporcionar ropa de abrigo ni otros servicios, lo cual dejará a más de un millón de niños y niñas expuestos al frío.

No existe lugar seguro en Alepo

La guerra en Siria no da lugar a treguas. En tan solo dos días, Hanna Singer, representante de UNICEF en el país, ha visto caer 100 morteros sobre el oeste de Alepo, escucha continuos bombardeos en el lado oriental y duerme con el sonido de las explosiones de fondo. Durante los ataques, se esconden en baños y sótanos para después continuar trabajando, siempre con la amenaza de la muerte sobre sus cabezas: “un voluntario fue alcanzado por una bala mientras acompañaba a unos niños a su refugio”, explica Singer.

La mitad de las 31.500 personas que han tenido que desplazarse desde el este de la ciudad en los últimos diez días son niños y niñas. Niños que se han visto obligados a permanecer escondidos durante semanas en sótanos para salvarse de los incesantes bombardeos. Lo cuentan contentos. Han conseguido sobrevivir y pueden disfrutar del sol y sentir el aire. Pero han perdido mucho por el camino: padres, hermanos, amigos… Ya no volverán a sus antiguas escuelas, no se podrán sentar en el salón de su casa ni jugar en el parque que acostumbraban visitar.

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No existe lugar seguro en Alepo. Llevar una vida normal es imposible. Millones de niños y niñas han muerto mientras iban a la escuela. Niñas como Hanadi y Lamar, asesinadas por la metralla de un mortero una mañana camino del colegio. Pero los niños y niñas no se rinden. Nunca pierden la fuerza para reír y jugar, para seguir creciendo. Y UNICEF tampoco lo hace. Gracias a las ayudas reunidas, se distribuye ropa de invierno y agua a refugios y pueblos; se mantiene y repara la red de agua de Alepo para 1,2 millones de personas y 7.000 niños, niñas y madres han podido ser vacunados.

1.600 niños y niñas tienen acceso a suplementos nutricionales y 6.000 reciben apoyo psicosocial. Las cifras son favorables pero todavía queda mucho trabajo por delante: solo en Alepo, cerca de 50.000 niños y niñas permanecen atrapados en condiciones extremas.

“Los niños – cuenta Singer – están muriendo porque no se les puede evacuar a 100 metros de distancia para ser tratados. La ayuda humanitaria, con todas las dificultades que acarrea, apenas alivia a los casi seis millones de niños que la necesitan en el país”. UNICEF seguirá trabajando sin descanso para salvar las vidas y mejorar su calidad a todo aquel que lo necesite. Con tu ayuda, podremos conseguirlo.

Alepon ez dago toki segururik

Siriako gudak ez du etenik. Azken hamar egunetan, Hanna Singer, UNICEF-eko ordezkaria herrialdean, 100  mortero jaurtiketa ikusi ditu Alepoko mendebaldean, etengabeko bonbardaketak entzuten ditu eta leherketako soinuarekin lo egiten du. Erasoak ematen diren bitartean, bainugeletan eta sotoetan ezkutatzen dira, gero lan egiten jarraitzeko, beti heriotzaren mehatxupean: “bolondres bati bala batek eman zion umeak euren aterpera eramaten zituen bitartean”, azaltzen du.

Azkenengo hamar egunetan desplazatu behar izan diren 31.500 pertsonen erdia umeak dira. Asteak sotoetan ezkutatuta egon diren haurrak, inoiz amaitzen ez diren bonbardaketetatik irteteko. Pozik kontatzen dute. Bizirautea lortu dute eta orain eguzkia eta aireaz disfruta dezakete. Baina asko galdu dute bidean: gurasoak, neba-arrebak, lagunak … Ez dira berriz euren eskoletara bueltatuko, ezin izango dute etxeko egongelan eseri edo beti joaten ziren parkean jolastu.

Alepon_ez_dago_toki_segururik

Ez dago toki segururik Alepon. Bizitza normal bat izatea ezinezkoa da. Milioika ume hil dituzte eskolarako bidean. Hanadi eta Lamar bezala, mortero baten metrailaz jota hilak eskolarako bidean. Baina umeek ez dute amore ematen. Inoiz ez dute jolasteko eta barre egiteko indarra galtzen, ezta hazten jarraitzeko gogoak ere. UNICEFek ere ez du amore ematen. Jasotako laguntzei esker, neguko arropa eta ura ematen ari da herri eta errefuxioetara; Alepoko ur-sarea mantentzen eta konpontzen da 1,2 milioi pertsonentzako eta 7.000 ume eta amek txertoak jaso dituzte.

1.600 umeri osagarri nutrizionalak eman zaizkie eta 6.000 haurrek laguntza psikosoziala jaso dute. Zenbakiak positiboak dira; baina lan asko geratzen da oraindik egiteke: Alepon soilik, 50.000 umek muturreko baldintzetan bizitzen jarraitzen dute.

“Umeak – kontatzen du Hannak – ospitaleko ehun metrotara hiltzen dira lagundu ezin ditzakegulako. Laguntza humanitarioa zailtasun askorekin topatzen da, eta ezin da behar duten sei milioi umeei lagundu”.

UNICEFek atsedenik gabe lanean jarraituko du bizitzak salbatzeko eta beharrizana duten haur guztien bizi kalitatea hobetzeko. Zure laguntzarekin, lor dezakegu.

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