La sociedad discapacitada

En ocasiones, ignorar la exclusión ajena genera una situación de desconexión creadora de pobreza en todos sus sentidos.

Empiezo este artículo con esta frase porque resulta una situación paradójica el hecho de que la sociedad española esté viviendo una situación de aislamiento, de falta de libertad deambulatoria, de pérdida de puestos de trabajo y de cierre de colegios, de pérdida de las relaciones personales que en definitiva se asemeja mucho a la realidad que vivía antes de la llegada del Covid – 19 a España el colectivo de personas con discapacidad.

La realidad compartida que vivimos en España actualmente tras el estado de alarma y las medidas impuestas para evitar la propagación del virus, es una realidad que padecía y seguirán padeciendo los 3,84 millones de personas con discapacidad que viven en España. Esa negación a poder salir de casa, esa negación a poder reunirse en grupo, a ir a un centro de trabajo o simplemente trabajar, a poder ir a un bar o el rechazo a relacionarse con uno son momentos que muchas personas no les es nada nuevo, ni extraño, ni excepcional. Tampoco para el autor de este artículo, porque esta crisis, ya la estuvimos viviendo millones de personas antes de que el Covid – 19 viajara a España.

Me resulta paradójico o incluso gracioso que esta realidad aislada que vivíamos un sector de la población sea noticia y portada de muchos medios de comunicación en estos momentos, se escriba y se hable de esa sensación de aislamiento.

La aparición de este virus ha traído consigo un espejo por el que mirarnos y vernos a nosotros mismos como esa usuaria de silla de ruedas que no puede salir de su casa por falta de accesibilidad o pasear por la calle por el mismo problema, no poder entrar en una cafetería o tener que orinar en la calle porque el cuarto de baño adaptado lo han transformado en almacén. No poder asistir a una entrevista de trabajo o ir a clase con sus compañeras.

El Covid – 19 ha venido a aislarnos unas personas de otras, unos grupos de otros o a convertir a mucha gente en seres discapacitados sin caer en la percepción de que antes existía un colectivo que sufría virus tan destructivos como este, socialmente escribiendo, como puede ser el virus del prejuicio negativo, el virus del rechazo social, el virus de la desigualdad o el virus del miedo a la discapacidad y por consiguiente el rechazo a la persona con discapacidad.

La sociedad española se despertó un día de marzo viviendo una realidad que de manera voluntaria miraba para otro lado cuando una persona con discapacidad no podía salir de su casa, ir al colegio, hacer un examen o ir al cines y sentarse en un lugar aislado del resto.

Todo esto se puede observar como una falta total de empatía que existía antes del estado de alarma, que provocó la desconexión de los grupos que forman la sociedad, una sociedad que está viviendo una discapacidad que le atormenta, que le frustra y que la deprime.

 

La sociedad discapacitada

 

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