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19 Dic 2009

He pasado cinco o seis días tiritando de frío, envuelto en dos mantas mauritanas, sobre un polvoriento camastro. Mi frente ardía de fiebre, y un palpitante dolor que comenzaba en las cuencas de los ojos y se derramaba como cera líquida hasta el último rincón de mi cuerpo me mantenía inmóvil. Mi garganta estaba tan dura y seca como una piedra del desierto. Fuera, un siroco demencial arrasaba los campamentos y rugía y se intentaba colar por las rendijas del ventanuco de la habitación. En mis sueños, el ruido del viento provenía del infierno, y en esos delirios me han visitado las cucarachas. Llegaban por docenas, se me subían encima, y jugaban a la montaña rusa bajando y resbalándose por los pliegues de las mantas, entre temblor y temblor. Algunas se paseaban por mi cara y por mis labios, y yo no me podía mover. Una de las peores pesadillas ha sido cuando he soñado que intentaba huir de la fiebre y volaba en una fría madrugada hasta Argel, me alojaba en un sucio hostal, y envuelto en las mantas de la habitación, la fiebre me encontraba y me atenazaba, sin dejarme continuar el viaje, y entonces perdía el vuelo que me salvaría para llegar a Madrid y me hundía en un oscuro barrio argelino, enfermo, débil y solo, hasta el fin.

Las horas transcurrían de forma eterna. Entre pesadilla y pesadilla veía pasar los días y las noches. En otro altibajo de la fiebre también he visto un escorpión que se colaba bajo la puerta y venía hacia el camastro. Aterrorizado, he intentado recoger la esquina de la manta que colgaba hasta el suelo, pero no me ha dado tiempo, y el escorpión ha trepado hasta mí. Encima de las mantas, sobre mi pecho, mirándome a los ojos, de alguna forma que no puedo explicar, me ha hablado. Aprovechando una nueva embestida de la fiebre, me ha transmitido que todo está unido, el sol y el desierto, la arena y los camellos, la fiebre y el viento. Y en un momento de lucidez, en un instante sublime, empapado en sudor, he comprendido la razón de todo, el porqué de la vida, el porqué de la muerte. Estaba todo ahí delante, a mi alcance, tan nítido como el amanecer en la hammada. Pero cuando he intentado memorizarlo, rápidamente la marea de la fiebre me ha envuelto y me ha arrastrado al abismo, y me ha zarandeado igual que el siroco levantaba la arena y el polvo y las lonas de las tiendas de los refugiados, haciéndome olvidar para siempre lo que los dedos de mi razón han rozado durante unos instantes.

Y al séptimo día resucité.

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24 Oct 2008

Ya sé que siempre me estoy quejando (que si las cucarachas, que si los escorpiones, que ahora hace 50ºC, que ahora hace frío...) pero lo del siroco del otro día fue como en la película de "La Momia", lo juro. Una montaña de arena se nos echó encima literalmente: de repente, me vi buceando en el fondo de un océano de arena roja. Después de pasados varios días, todavía tengo arena en varios orificios de mi cuerpo. Creo que las fotos lo dicen todo.


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23 May 2008

Ya he vuelto de Tifariti, la mítica ciudad saharaui de los territorios liberados, a 6 horas de viaje, rebozado de suciedad y desierto. Los actos de celebración del 35 aniversario del Polisario han sido espectaculares: un desfile de 5.000 soldados (realmente impresionaba cómo iban apareciendo los escuadrones de entre el polvo), la explosión de 4.000 minas antipersonales (tras 3 horas de espera al sol, justo un minuto antes de la explosión y el consiguiente hongo nuclear me quedé sin batería en la cámara, pero me han pasado la foto), discursos interminables de Abdelaziz y todos los países que apoyan a los saharauis, siroco durante las 24h del día, 2 letrinas sin agua para 20.000 personas (si calculamos que cada persona hace una deposición al día de 250 gramos según los estándares de naciones unidas, por tres días, por 20.000, dividido entre 2, da una imagen muy real de lo que era aquello), cientos de jaimas, comidas para miles de personas, etc.

En fin, que el único incidente reseñable es que el día de mi cumpleaños (el 21) me robaron las chanclas que me compré en Benidorm hace tres años y me dejaron otras rotas de plástico en su lugar, cosa que hizo mucha gracia a mis compañeros/as de Mundubat pero a mí no, y que ayer a la vuelta al agujero de Protocolo donde me ha metido Emboirik esta vez me encontré un ratón DENTRO de la maleta, el cual se había comido casi todas las galletas que me había traído para sobrevivir de aquí hasta julio. Y encima no lo pude matar porque se escabulló hacia las grietas por donde salen docenas de cucarachas todas las noches.

Y ya llevo más de un año aquí.

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Sobre este blog

Tres años en el Sáhara

Desde mayo de 2007 hasta abril de 2010, Luis Elizondo ha trabajado para Hegoa llevando adelante varios proyectos de formación y desarrollo económico en la República Árabe Saharaui Democrática, en los campamentos de refugiados situados en las afueras de Tindouf (Argelia). Ahora sigue en contacto con el Sáhara desde Guatemala...

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