En el banco de Tindouf

No sé quién se divierte más a mi costa, si los argelinos o los saharauis, o todos por igual. Es mi conclusión del día de ayer.

Después de haber telefoneado varias veces a diferentes personas durante los últimos 10 días, haber escrito solicitudes y rellenado formularios, haber chapurreado en francés, inglés y hassaniya con Protocolo, con el banco y con el ministerio, haber involucrado a cooperantes que iban a Tindouf para hacer llegar mis escritos al banco, haber ordenado la transferencia de 29.900€ de la cuenta de euros a la cuenta de dinares por teléfono, por fax (otra aventura digna de un e-mail completo) y en persona (expatriada), haberme asegurado de que el 2 de junio de 2008 se daba una especie de convergencia de la maquinaria cósmica que rige el universo, una conjunción de planetas para hacer coincidir el día de permiso para ir a Tindouf con el día que el banco tendría preparado el dinero (solamente puedo ir un día al mes a Tindouf), en dos cantidades que he escrito y leído unas treinta veces a otras tantas personas, los 432.035,00 y los 2.016.000,00 dinares (una pasta), haber tenido en cuenta que el banco cierra los viernes y sábados, y que Protocolo sólo tramita permisos los miércoles y domingos, después de haber metido a la fuerza en un coche conducido por mi contacto del ministerio al encargado de Protocolo para llevarlo a donde la policía argelina a por el salvoconducto porque no le apetecía ir ayer, etc. etc., no ha podido ser. COMUNICO QUE LA MISIÓN PARA PAGAR LA FASE 2 DE LAS OBRAS DE SMARA HA FRACASADO: NO HE CONSEGUIDO SACAR EL DINERO DEL BANCO. La amable señorita de la ventanilla me ha dicho mientras se miraba distraídamente las uñas que no tenía el dinero listo, désolée, y ha añadido una frase muy conocida por todos que nunca olvidaré: revenez-vous demain (vuelva usted mañana).

Si no fuera porque he oído cosas terribles de las cárceles argelinas, el banco se habría convertido en una carnicería. También ha influido el hecho de que la amable señorita de la ventanilla que ha estado a punto de morir no tenía por qué saber que yo sólo puedo ir una vez al mes a Tindouf, o que mi puzzle de vuelos y visados en realidad no me permite volver a ver su linda cara cubierta por su también lindo velo hasta septiembre, pero la verdadera razón que me ha impedido asesinar a todos los presentes ha sido que cuando he empezado a gritar todos los insultos que me sé en francés, a 40º C, sudando, con la cara desencajada y los ojos a punto de salírseme de las órbitas, el también sudoroso policía grasiento de la Securité Algerienne que me escoltaba me ha reducido y ha estado a punto de detenerme, mientras me sacaba a empujones del banco con el brazo retorcido a la espalda y la gente murmuraba cosas como “estos nassaranis se drogan” o “púdrete en el infierno, infiel” o “no le piséis que lleva chanclas”.

Pues eso. Que me borro. Yo quiero volver a trabajar en Lakua, con mi maquinita de café y mi airecito acondicionado, mis fichaditas de 8:00h a 17:15h, criticando al/a la director/a de turno y haciendo pajaritas de papel.

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