Siempre me ha encantado el sol y el buen tiempo porque me hacen desperezarme de los cansancios y perezas y me animan a coger la toalla y las playeras para salir a disfrutar de la naturaleza. Y cuando estoy en la playa o en el monte me surge esa sensación de bienestar conmigo misma, con los demás, con la naturaleza, a veces, incluso con el universo, que siempre me hace regresar. Una y otra vez regreso a los mismos lugares donde me he sentido tan bien, y una y mil veces, también, busco nuevos sitios para estar siempre mejor.
Viviendo en la ciudad a veces tengo la impresión de que todo queda lejos; pero cuando me pongo en camino, la vida se acerca… el Pagasarri queda a un par de cuestas de Bilbao, la playa está a pocas estaciones de metro y la luna siempre ahí; cuando se la ve, sólo hay que levantar un poco la cabeza y permitirnos disfrutar de su magia. Esos días en los que te cansas caminando entre helechos y flores y en los que descansas entre la brisa y la arena siempre son preciosos, siempre los empiezas animada y los terminas satisfecha. Da igual donde estés; en el Anboto, en Laga, en el Algarve o en los Pirineos, cerca o lejos, a tres mil metros de altura o sumergida en la mar o en alguna cueva… la belleza de la naturaleza, que tanto nos atrae y de vez en cuando nos asusta, se vuelve imprescindible para vivir bien, para el buen vivir… Y en este sistema de bienestar que está tan en crisis salir del gris y entrar en las millones de tonalidades de verdes, azules, marrones, amarillos, rojos y naranjas es esencial para buscar otra manera más sostenible de tener salud, de aprender, de disfrutar, de vivir y, sobre todo, de convivir. Además entre tanto estrés y rapidez necesitamos contagiarnos de otro ritmo más natural que nos de un poco más de tranquilidad, consciencia y felicidad.
Escuchar las olas de la mar, contemplar los campos repletos de flores, sentir el calor del sol, oler la hierba recién cortada o saborear una fresa silvestre son lujos a los que no debemos, ni podemos renunciar. Por ello es que en esta estación de calorcito y días con muchas horas debemos animarnos a nosotros mismos, a la familia y a los amigos para escaparnos a esos lugares donde el sol brilla más, donde es más fácil coger fuerzas aunque nos cansemos, donde es una gozada vivir.

