Al hablar de conductores agresivos solemos pensar sólo en aquellos que vemos enzarzarse en una discusión, llegando a veces a las manos. Sin embargo, existen muchas otras conductas agresivas al volante:
Los que hacen sonar sus claxon como protesta a la mínima (por ejemplo, un leve retraso al salir de un semáforo), los que no perdonan cualquier pequeña torpeza -aparente o real- de otros usuarios olvidando que todos somos humanos, los que insultan o gesticulan desde la seguridad y la impunidad que les ofrece su propio vehículo, los que (en autovía) circulan de manera errática adelantando por todos los carriles, los que rompen las distancias de seguridad pegando el morro al de delante, los que aceleran y frenan a su aire (y muchas veces con motivos revanchistas o competitivos)…
¿Cómo erradicar esas conductas de la carretera? La respuesta a esta difícil pregunta es tan “sencilla” que se resume en dos únicas palabras que, por desgracia, cada vez se encuentran más en desuso dentro de nuestra sociedad: educación y civismo.

