La crisis económica agrava las desigualdades entre hombres y mujeres en el mercado laboral

La crisis económica tiene un grave impacto en la sociedad y, más aún en el caso de las mujeres, especialmente cuando hablamos de mujeres en dificultad social. Las mujeres siguen sufriendo distintas situaciones de discriminación en el mercado laboral: Menor acceso al mercado de trabajo por cuenta ajena; mayores dificultades para la creación y fortalecimiento del empleo por cuenta propia; mayor índice de contratación temporal y empleos a tiempo parcial; inferior acceso a los puestos de decisión y menores oportunidades de promoción laboral; concentración en determinadas profesiones y oficios con peores condiciones laborales y menores valoradas socialmente; y menor remuneración. “Es decir, aunque se ha avanzado de manera significativa hacia la igualdad formal, aún no existe una igualdad real plena en el ámbito laboral”, apunta Maika Sánchez, responsable del Plan de Empleo de Cruz Roja.

La crisis no ha hecho sino agravar esta situación, atendiendo a los tres indicadores centrales para estudiar el estado y la evolución del mercado de trabajo: Las tasas de actividad, ocupación y paro. El análisis de los tres revela valores favorables a la inserción de los hombres en el mundo del empleo.

Así, según los datos del primer trimestre de la EPA, la tasa de actividad femenina fue del 53.35% y la masculina del 66.86%. En la actualidad, es evidente que las mujeres tienen un mayor acceso al empleo, sin embargo el índice de participación de las mujeres en el mercado de trabajo es significativamente inferior al de los hombres. Estos datos revelan la vigencia de la tradicional división sexual del trabajo, que asigna al hombre las actividades ligadas a la producción, realizadas en el ámbito de lo público y a las mujeres las relacionadas con la reproducción, realizadas en el ámbito de lo privado (doméstico).

Con respecto a las tasas de ocupación, encontramos la segunda gran brecha de género: la tasa de ocupación de las mujeres sigue siendo inferior en 10 puntos a la de los hombres (54.7% frente al 45.3%). Hay que tener en cuenta que los planes de ajuste del gasto público afectan a un porcentaje mayor de mujeres y que entre los sectores más afectados por la crisis se encuentran algunos sectores ‘feminizados’ como el de servicios.

Por último, las tasas de desempleo de mujeres y hombres se van aproximando. Sin embargo, a pesar de que en un primer momento el aumento del desempleo está afectando en mayor medida a los hombres, la tasa de paro de las mujeres sigue siendo ligeramente superior a la de los hombres (24.86% en el caso de las mujeres y 24.09% en hombres) y es probable que el contexto económico actual vuelva a agudizar las diferencias.

Las desigualdades también las encontramos no sólo en el acceso al trabajo, sino en la calidad del empleo (menor sueldo, trabajos más precarios, mayor porcentaje de contratos a tiempo parcial suscritos por mujeres, que esgrimen como principal motivo para acceder a este tipo de trabajo el poder simultanear trabajo con el cuidado de los hijos e hijas y personas dependientes).

Y por duración del contrato encontramos mayores similitudes entre mujeres y hombres, aunque siguen siendo mayores los contratos temporales en los casos de las mujeres.

Para hacer frente a esta situación, Cruz Roja trabaja por la igualdad de oportunidades a través de distintas líneas de intervención. Cabe cita el apoyo a las políticas de igualdad, la sensibilización sobre la importancia de que toda la sociedad se implique de manera corresponsable en esta tarea, y la puesta en marcha de proyectos para apoyar a las mujeres más vulnerables: mujeres que sufren violencia de género, mujeres en situación de pobreza, mujeres inmigrantes, mujeres con responsabilidades familiares o personas dependientes a su cargo, etc.

En este sentido podemos destacar el Plan de Empleo de Cruz Roja. Consciente de la importancia del empleo en todos los ámbitos de la vida de las personas, Cruz Roja puso en marcha en el año 2000 el Plan de Empleo, dirigido a promover la inserción laboral de las personas con más dificultades, para conseguir su inclusión social. Desde sus inicios, este Plan ha contado con la cofinanciación del Fondo Social Europeo a través del Programa Operativo Plurirregional Lucha contra la Discriminación.

El Plan de Empleo trabaja para que las personas que participan en sus diferentes iniciativas mejoren, a través por ejemplo de la orientación y de la formación, sus oportunidades de acceder a un empleo. Igualmente, desde el Plan de Empleo se colabora con un amplio número de empresas para, conjuntamente, “tratar de reducir barreras de género, origen o edad que dificultan la igualdad de oportunidades en el trabajo, contribuyendo de esta manera a la creación de un entorno laboral y social inclusivo para todas las personas’, apunta Maika Sánchez. Durante estos once años, más de 250.000 personas en especiales dificultades de integración laboral han participado en el Plan de Empleo y, de ellas, 143.000 han sido mujeres. Asimismo se ha contado con la colaboración de alrededor de 30.000 empresas.

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