Breve aproximación a las condiciones de las personas sin hogar

 

Siempre ha habido personas que carecen de una vivienda y que están en una situación de exclusión social, aunque el problema socialmente parece ser más grave ahora quizás por el aumento de personas en estas condiciones y sobre todo por una mayor implicación de la sociedad y los medios de comunicación en este tema, ya que han empezado a surgir el pensamiento en la sociedad de que las condiciones que te pueden llevar a esta situación son más posibles que antes, lo cual no es totalmente cierto, los condicionantes sociales y personales que nos pueden llevar a entrar en una situación de marginación social son básicamente los mismos y siempre ha existido la posibilidad de caer en estas situaciones, lo que pasa es que antes había una falsa creencia de inmunidad ante estas circunstancias; por eso al Trabajo Social siempre le ha importado la reflexión en este sentido siendo su objetivo principal trabajar en aquellos condicionantes sociales y personales que pueden derivar a estas circunstancias.

Calle Concepción, barrio de San Francisco, Bilbao.

 

El colectivo de personas sin hogar ha quedado olvidado durante mucho tiempo no habiendo un desarrollo de las políticas sociales tan amplio como el que existe para otros colectivos.

Haciendo una valoración de los antecedentes históricos de la intervención social con este colectivo nos podemos retrotraer hasta Luis Vives en 1526 que en su tratado “De subventiones Pauperum” manifiesta que existe la necesidad de desarrollar medidas legislativas de control y de represión hacia los mendigos de la calle y a su vez la necesidad de regular la atención de dicho grupo social que presentaba graves dificultades de salud u otros condicionantes que no le permitían trabajar.

La aportación de este autor histórico en la profesión de Trabajo Social pone de manifiesto una tendencia inicial en cuanto a la legislación en este aspecto que giró en sus inicios en torno a dos polos:

a) Leyes que buscaban la eliminación “por la fuerza represiva” de este grupo social.

b) Leyes que buscaban el desarrollo de medidas asistenciales, planteadas generalmente de manera coercitiva.

Esta tendencia represiva se elimina ya entrado el siglo XX al amparo del desarrollo de políticas de Bienestar Social.

En la actualidad y más concretamente en España nos encontramos con la dificultad de la inexistencia de una Ley Estatal de Servicios Sociales por lo que el desarrollo normativo en este sentido ha sido hetereogeneo y desigual variando según la Comunidad Autónoma. En concreto en Canarias, su ley de Servicios Sociales contempla el reconocimiento de la prestación social d Convivencia/Alojamiento y hace mención al equipamiento de los centros de acogida, pero no se extiende mucho más en cuanto al desarrollo de prestaciones y acciones dirigidas hacia las personas sin hogar.

En 1988 surge el Plan Concertado para el desarrollo de las Prestaciones Básicas de Servicios Sociales en las Corporaciones Locales creando la Prestación de Alojamiento y Convivencia y el desarrollo del equipamiento, mencionando la creación y condiciones de los Albergues.

En este Plan se señala la creación de centros de alojamiento estable o temporal a las personas imposibilitadas de satisfacer las necesidades básicas, con graves deficiencias de convivencia sociofamiliar, o por carecer de un alojamiento digno y estable. el equipamiento que se debe favorecer es el de albergues, centros de acogida, viviendas tuteladas, centros residenciales, etc.

La idea de proporcionar un servicio adecuado y eficaz para las personas sin hogar no corresponde con la realidad en términos generales ya que dentro de las distintas prestaciones del Plan, ésta es la que menor desarrollo ha tenido e incluso menor aporte económico a nivel estatal y de las diferentes comunidades autónomas.

El Plan Concertado define los centros de acogida como “establecimientos residenciales no permanentes, destinados a acoger en medida de urgencia a personas en situación de graves conflictos convivenciales o carentes de medio familiar adecuado, procurando el necesario tratamiento para la normalización de su convivencia”, en un principio era pensado básicamente para mujeres maltratadas, madres solteras y menores, abriéndose después a las personas sin hogar y contemplando no sólo la prestación básica de alojamiento y manutención sino la necesidad de complementarlo con programas de intervención psicosocial.

Resulta evidente la necesidad de crear y desarrollar un marco normativo específico y de una redefinición del plan concertado con el fin de poder garantizar medidas más adecuadas para lograr una intervención más efectivas con las personas sin hogar, sin dejar de lado una intervención preventiva aspecto que no se ve reflejado a ningún nivel.

Parece que esta problemática a raíz de la crisis económica actual ha ido creciendo, y en Tenerife han sido varios los casos en lo que va de año de personas que teniendo esta problemática han muerto en la calle, con lo cual se ha despertado una inquietud social.

Es el momento de realizar un análisis más exhaustivo de las condiciones actuales de esta personas y trabajar en mejorar no sólo los recursos existentes para ellos, sino las intervenciones realizadas y la legislación de cara a proteger a un colectivo que está en las peores condiciones de marginación social y de cara a buscar alternativas tanto para su prevención como para la salida de esta situación de marginación, ya que esto redundaría en una mejora a todos los niveles de la sociedad.

Iris de Paz, Trabajadora Social.

Blog sobre Trabajo Social, ética y valores.

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