El Acompañamiento social: “Yo soy el otro” Jean-Arthur Rimbaud.

 

“Cuando se afirma la necesidad de hacer posible el acompañamiento lo que se viene a recalcar es que la efectividad de las acciones sociales, terapéuticas o educativas está asociada a la compañía.” *

La relación con el otro, la necesidad de abordar ciertas cuestiones en compañía, el poder terapéutico de la palabra y la escucha, en definitiva, la importancia de la relación es lo que se pone en juego cuando hablamos de las potencialidades que nos ofrece la figura del acompañamiento.

Grafiti Calle Bailen, Bilbao.

“Yo soy el otro” Jean-Arthur Rimbaud.

Toda persona necesita de alguien con quien contar, con quien contarse, es decir, incluirse. Es en la relación a un otro, en la transferencia, donde cada uno de nosotros podemos producirnos como sujetos.

Es en la relación al terapeuta, al educador social o al acompañante donde van a poder ponerse en juego ciertos aspectos relativos al cambio subjetivo de las personas que acompañamos. Es lo que conocemos como la perspectiva relacional en el ámbito de la intervención social. Es en la apuesta que supone un encuentro particular con un “educador” en donde se va a poner de manifiesto la posibilidad de un trabajo subjetivo capaz de producir cambios y procesos personales para la mejora en la calidad de vida de las personas que atendemos.

Es en la no exigencia de unas respuestas homologadas “para todos igual” donde pueden crearse espacios para la escucha y la acogida de las situaciones particulares de las personas, como punto de partida para nuestras intervenciones.

Esta singular manera de encarar nuestra práctica en intervención social supone un reto para aquellos profesionales que han basado sus competencias en la imposición de unos objetivos y unos tiempos que no cuentan con el sujeto, al cual, se supone, deberían servir de ayuda. Se trata de una metodología más sutil, en la que lo importante no es tanto el saber del profesional, sino el saber que cae del lado del sujeto. No se trata de imponer unos objetivos unívocos sino más bien de acompañar a una persona en sus elaboraciones y decisiones particulares, respetando en todo momento su modo de vida y sus tiempos.

A su vez, el profesional que acompaña debe ser capaz de autorizarse como “Alguien” a quien poder acudir, con quien poder contar, alguien con quien poder hablar. O simplemente estar, si lo que se desea, o se necesita, es tener una conversación, compartir un silencio o ser escuchado. Alguien que no va a dimitir de sus funciones, que no va a mirar hacia otro lado cuando se planteen cuestiones que impliquen ciertas dificultades, alguien capaz de estar ahí, pase lo que pase.

Lo importante no es tanto el saber del profesional, sino el saber que cae del lado del sujeto.

El agente social deberá ser capaz de hacer emerger este saber, que es del otro, no el suyo propio. No se trata de imponer sus objetivos sino más bien de acompañar a una persona en sus elaboraciones y decisiones particulares, respetando en todo momento su modo de vida y sus tiempos.

Cosme Sánchez Alber

 * El acompañamiento social en los recursos socioeducativos. Israel Alonso y Jaume Funes.

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