Subversiones teóricas que desafían las profecías de fracaso. Por Graciela Frigerio.

 

Los amigos de la igualdad no tienen que instruir al pueblo para acercarlo a ella, tienen que emancipar a las inteligencias, tienen que obligar a no importa quien a verificar la igualdad de las inteligencias. (Rancière, J, 2002; IV).

Grafiti San Francisco, Bilbao.

Educar es negarse a distribuir las vidas en distintas orillas saliendo a demostrar que la decisión de que todos piensan y todos pueden pensar es el principio que permite construir lo común, lo de todos (Frigerio; 2005).

Corresponde aclarar aquí que un mundo común remite, desde nuestra perspectiva, a lo que se comparte y reparte y por ello es una cuestión de distribución de re-conocimientos y una problemática esencialmente política que atraviesa y define la cuestión por la educación, entendida como el trabajo jurídico y político de dar a conocer y reconocer.

Es en cualquier territorio, en todo tiempo y para todos los que viven en los bordes de la ciudadanía, allí donde la noción de destino adquiere su carácter de inexorable, que la presencia de maestros emancipadores se vuelve imperiosa.

Es contra la inexorabilidad que la educación se rebela cuando expresa que no se volverá cómplice de transformar diferencias en desigualdades; que no se excusará aduciendo condiciones de educabilidad; escudándose detrás del concepto de resiliencia o aludiendo a una inteligencia diferente.

Sostendremos que lo que se presenta como inexorable deja de serlo en el instante mismo en que, su carácter de “inevitable”, pasa a ser cuestionado por un accionar (un pensar, un decir, un hacer) que descree de lo inapelable y le devuelve al hombre la dimensión de su decisión sobre el mundo.

Por ello, para los que trabajan en los bordes, para los que trabajamos ejerciendo los oficios del frente como suele llamarlos Gabriela Diker, nuestros trabajo no es otra cosa que sostener frente a otro, a cada otro, frente a todo otro, un posicionamiento contra lo inexorable.
Contra lo inexorable significa la urgencia de una disponibilidad para un compromiso singular y colectivo: salir a forzar a una capacidad que se ignora a reconocerse dirán en un dúo que los reúne en la actualidad, aunque sus voces provengan de siglos distintos, Joseph Jacotot y Jacques Rancière.

Definida la igualdad como punto de partida de la educación, la igualdad de las
inteligencias como ficción teórica con efectos, encontramos en nuestra región a los que salen con coraje a demostrarla en las acciones cotidianas, con obstinación y perseverancia; a sabiendas que no podrán confirmarla siempre, no siempre totalmente, nunca totalmente, y sin embargo a sabiendas que cada fragmento de ensayo, cada vida que escapa a la profecía de fracaso, confirma que la ficción teórica tiene efectos, deja marcas, ofrece posibilidades, evita que se cumplan destinos prescritos y habilita a llevar adelante la vida.

Jacotot, con sus lecciones demostraba que un padre analfabeto puede acompañar el aprendizaje de la lectura de su hijo, que un hombre de pueblo observando, reteniendo, repitiendo, verificando puede acompañar el aprendizaje de su hijo. Lo demostraba por que no ahorraba confianza en el otro, y por que por principio suponía que toda palabra de hombre puede ser comprendida por otro hombre.

Para evitar cualquier mal entendido volvemos a escribir: enseñar hasta lo que no se sabe, no era para el profesor en cuestión, ni es para nosotros, sinónimo de no saber nada sino un modo de dar cuenta de que el otro puede aprender donde nosotros ignoramos, aprender más allá de nuestra intencionalidad de compartir saberes.

La expresión viene a testimoniar de lo que puede aprenderse no en ausencia de un maestro, mucho menos con un maestro ausente, sino con un maestro que apuesta a que el otro, todo otro, siempre puede aprender.

Dice el maestro emancipador: no es del maestro del que uno aprende sino de la relación con el maestro cuando esta se inscribe en el signo de la igualdad, la igualdad entre las inteligencias, principio no horizonte, punto de partida al que la tarea nos convoca y nos desafía cuando queremos hacer de este mundo, un mundo otro, un mundo con justicia.

Graciela Frigerio

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