Problemática sobre la patología dual en adolescentes.

 

La patología dual designa la coexistencia de un trastorno adictivo y otro (o varios) mental. La dificultad para su diagnóstico en la adolescencia estriba en los factores inherentes a la misma que conllevan la vulnerabilidad hacia el consumo de drogas que se da por la menor resistencia a probar “lo nuevo“ y “lo desconocido”.

También el patrón del adolescente actual es mas “precoz” y se inicia llevado por la moda con verdaderos “atracones” de fin de semana y con cócteles que son mezclas , auténticos bombazos a los que se atreven llevados por la desinhibición propia de la edad y del apoyo del grupo.

Estos factores llevan a que, rara vez se pueda hacer una evaluación, imprescindible para un diagnóstico funcional que permita planificar un tratamiento adecuado.

Además a esto hay que añadir el hecho de que los jóvenes ocultan el consumo por miedo a represalias y rechazos y que no son conscientes de los efectos reales de los consumos.

Por todo ello sucede que cuando llegan a la edad adulta las dificultades para el diagnóstico se multipliquen porque se dan casos de infradiagnóstico por el uso oculto de sustancias que puede confundirse con patologías mentales y en sentido contrario por la confusión de los efectos del consumo con el trastorno bipolar, el TDAH, el trastorno de personalidad…y otras patologías mentales.

Por tales circunstancias, habría que hacer hincapié en la prevención del trastorno dual precoz.

Para ello habrá que tratar la agresividad e impulsividad del niño buceando en sus orígenes. No se podrá caer en la banalización sobre los consumos ni caer en el prohibicionismo sin argumentos. Por eso los profesionales deben tener formación específica en psicología  infantil y de adolescencia que les permitirán usar técnicas de motivación y deberán, así mismo, tener conocimientos básicos sobre drogas, drogodependencias y problemas asociados.

Este sería el perfil de un psicopedagogo con formación en drogodependencias, flexible, con deseo de ayudar, sin juzgar.

Teniendo en cuenta que los adolescentes suelen ser consumidores de más de una sustancia y que acuden a los centros de atención bajo presión, con poca motivación, el clínico tiene que tener claro el esquema de intervención. Los profesionales han de actuar coordinados considerando los problemas psicosociales, los trastornos somáticos y mentales.

A veces tiende  a generalizarse la opción farmacológica aplicada a adultos, aunque la investigación con poblaciones jóvenes sea  escasa. La carencia de recursos asistenciales específicos, y la opinión generalizada de que son pacientes “no tratables”, provoca que muchas veces sean rechazados en centros de tratamiento de toxicomanías y en centros de asistencia psiquiátrica.

En la Patología Dual, los pacientes en ocasiones se muestran conflictivos, manipuladores y generan una gran frustración entre los profesionales por lo que el terapeuta deberá entender la ambivalencia del paciente y ayudar a aceptarla como algo inherente a su patología.

También  debe incidir en la responsabilidad del paciente y en el papel que éste desempeña así como trasladar a la familia la importancia de su colaboración en el tratamiento.

Las características del terapeuta tendrán que aportar información veraz y comprensible, evitando la reacción frente a comportamientos provocativos y trasgresores “propios de la edad”. La agresión verbal puede ser parte de su evolución, un desafío a la autoridad.

El educador o el terapeuta pueden tener sus opiniones y actitudes hacia el consumo pero ha de ofrecer un modelo coherente de identificación y evitar caer en el síndrome del “quemado”.

Begoña García Galarza, licenciada en comunicación y Máster en drogodependencias.
garciagalarza@gmail.com

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