Sanar a través de nuestras historias. Las mujeres construyen la memoria histórica del VIH

Amos Oz, premio Nobel de literatura, tiene una teoría del lector en su libro Una historia de amor y oscuridad.

Oz urbaniza los espacios que crea un escrito, los huecos entre texto y lector, entre texto y autor: “Aquel que busca el corazón del relato en el espacio que está entre la obra y quien la ha escrito se equivoca: conviene buscar no en el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino en el que está entre lo escrito y el lector.

Correlativamente a la idea de que cada relato tiene un núcleo vivo, un “corazón”, aparece la figura del “buen lector”. El autor convoca esa figura para animarla a bajar a sus mazmorras, a encontrar en ellas el verdadero corazón, el del relato y el suyo mismo: “El espacio que el buen lector prefiere labrar durante la lectura de una obra literaria no es el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino el que está entre lo escrito y tú mismo.”

Las historias del libro que a continuación os presentamos gozan de la invitación a ser leídas desde la singularidad de cada uno, para que cada cual encuentre en ellas su propio significado, su propio orden y a “descubrir tu propia relación con las vidas de estas veinte mujeres”. Relatos que hablan de lo más serio, de lo más contundente, del dolor de existir: Sanar a través de nuestras historias.

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