¿QUÉ TIENE EL VIH QUE NO TENGAN OTROS? Estigma y discriminación asociados al VIH

¿Por qué una condición médica como el VIH es sinónimo de estigma y discriminación? ¿Cómo es posible que este microorganismo de apenas nueve genes, para el que no hay cura pero sí tratamiento, pueda acarrear la pérdida de un puesto de trabajo, la imposibilidad de acceder a una hipoteca, o el rechazo en la consulta de un dentista? En suma, ¿por qué, después de tantos años de saber qué es el sida y cómo se transmite el virus que lo causa, las personas con VIH deben a menudo ocultar su estado si no quieren arriesgarse a verse privadas de los mismos derechos que disfrutan el resto de ciudadanos, a ser excluidas de la sociedad o, incluso, marginadas por los seres queridos?

Por desgracia, el estigma y la discriminación asociados al VIH tienen una difusión universal, aunque su expresión concreta varía en función de factores socioculturales y nacionales. Así, en España y otros países de nuestro entorno, el VIH/sida se ha visto tradicionalmente como una suerte de castigo vinculado a prácticas ilícitas y comportamientos sexuales propios de colectivos marginados. En otros contextos, sin embargo, se ha tendido a asociar con características tales como el género, la etnia o la nacionalidad. Se podría decir que llueve sobre mojado.

El rechazo hacia las personas con VIH no podría entenderse sin tener en cuenta otras desigualdades sociales y estigmas previos relacionados con prácticas y grupos que se alejan de lo que la sociedad considera normal. Tampoco podemos olvidar que son las posiciones ideológicas y religiosas excluyentes las que han permitido revestir de significado moral una enfermedad particular, un fenómeno biológico.

En este proceso, los medios de comunicación han desempeñado, con frecuencia, el papel de correa de transmisión de los peores estereotipos, catalizando los miedos y las ansiedades de una sociedad que suele interpretar la diferencia como una amenaza.

Por otra parte, ciertos rasgos peculiares del sida, como el hecho de que su agente causal, el VIH, se transmita fundamentalmente a través de la sangre y los fluidos sexuales, el carácter mortal que la epidemia tenía en sus inicios, o la ignorancia acerca de los modos de transmisión del virus, no hicieron sino alimentar los temores y prejuicios hacia las personas afectadas.

No obstante, es preciso decirlo bien alto. La discriminación que han sufrido y sufren numerosas personas con VIH debido a su estado serológico es una violación de los derechos humanos y un serio obstáculo en la lucha contra la enfermedad, y aunque nos encontramos en una mejor situación que hace unos años, todavía queda mucho camino por recorrer.

“Podeís encontrar este artículo y otros de vuestro interés en el número 42 de la revista Lo + Positivo.”

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