LA CABAÑA o UNA SALA DE COSUMOS SUPERVISADA

 

 

Decía un educador social andaluz, que en contextos menos favorecidos o con altas tasas de precariedad (laboral, económica y por ende social), el caldo de cultivo para la intervención social y trabajar con lo peor de lo peor, eran condición sine qua non. Una realidad inescrutable, invisibilizada al exterior con manifiesta intención de ofrecer otra apariencia.

De ahí que la propia sociedad y los medios de comunicación, como parte de esta, tratasen históricamente a un recurso de asistencia socio-sanitaria como una narcosala: lupanal de los vicios más ocultos, reminiscencia del movimiento de los barrios populares sudamericanos. No era Medellín, ni Calí ni Barranquilla. Era Bilbao y se quería dar respuesta a una problemática postindustrial desde una perspectiva cualificada, técnica e integral. Este era uno de los proyectos estrella del llamado “proceso de deshabituación”.

Una respuesta de altura a unos tiempos difíciles y a unos conflictos no menos dramáticos: paro, inseguridad, delincuencia … . La generación de los nacidos en los 60 se estaba dilapidando de un plumazo y el trabajo asistencial no cubría todas las necesidades inherentes al problema de las adicciones. La sala, además de dar una respuesta clínica a la toxicomanía, la encaraba de frente, desmitificando su crueldad y poniendo nombre a las cosas y rostro a las personas. Sujetos de una acción socio-educativa preventiva y de seguimiento, necesario para en lo que apoyarse.

Desde el uso y el intercambio de desechables, hasta la planificación de un proceso de seguimiento o reinserción. La tantas veces y recurrente cabaña, que diría la educadora social Arantza Rodriguez: Un lugar en el que refugiarse, un cobijo frente al dolor, donde no pensar ni sentir. Y si no sentían, no sufrían. Sin dolor, sin angustia, sin melancolía ni rabia.

Lo peor de lo peor, resultaron ser personas y como tales, una segunda oportunidad o un lugar donde sentirse o retirarse, se hacen necesarios. De ahí nace el germen de otro de los encuentros casuales, este pasado mes de Junio, en una taberna del Arenal, entre un educador y un joven con problema de adicciones. Un café, una conversación y un encuentro: “Este chaval anda queriendo hacer cosas normales con su vida” me comentó el educador días más tarde. Esperando muchos más encuentros y acompañamientos entre personas.

Equipo Educablog, equipo de educadores sociales.

Bilbao, Agosto 2014

Hazte la prueba del VIH ¡HOMBRE!

 

Desde el SERVICIO DE PRUEBA DE VIH DE LA COMISION ANTISIDA DE BIZKAIA os informamos que durante el mes de Julio hemos realizado un total de 36 pruebas de VIH y Sífilis, 25 de las cuales han sido realizadas a HsH (Hombres que tienen sexo con otros Hombres).

 

Os recordamos que tenemos una consulta abierta en el nº 6, 1º Dcha de la Calle Dos de Mayo, y os atenderemos los Martes y Miércoles de 16.30 a 19.30.

En la actualidad la transmisión del VIH hay que ponerla en conexión con unas prácticas sexuales no seguras. Por otro lado, entendemos que hay que prestar una especial atención a la prevención dentro del colectivo formado por hombres que tienen sexo con otros hombres, y pensar en nuevos espacios y maneras de poner en juego la transmisión de la información sobre la prevención del VIH.

UN SERVICIO CONFIDENCIAL, GRATUITO Y SIN NECESIDAD DE SOLICITAR CITA PREVIA.

94 416 00 55

COMISIÓN CIUDADANA ANTISIDA DE BIZKAIA

ANTE EL PELIGRO DE CIERRE DE LA SALA DE CONSUMO SUPERVISADO DE BILBAO. Llamamiento a su defensa como Servicio Público Esencial

 

Cuando se me invitó a escribir un artículo sobre el cierre de la Sala de Consumo Supervisado de Bilbao reflexioné acerca de la visión que yo podía ofrecer al cierre y supongo que si alguien pensó en mí, fue por mi actual trabajo como responsable de la gestión de los Servicios de Cooperación con la Justicia del Gobierno Vasco (Servicio de Asistencia a la Víctima, Servicio Vasco de Gestión de Penas y Servicio de Mediación Intrajudicial) y supongo  también que por mi experiencia por mi trayectoria en el tercer sector. Espero por tanto aportar alguna nueva idea al aunar una doble visión como gestor de servicios públicos y  la visión social y comunitaria en la que creo y participo.

Cuando surgió la noticia del cierre antes de verano (ahora aplazado temporalmente al parecer hasta fin de año) vinieron a mi cabeza una serie de imágenes y sensaciones que me dejaron tan mal cuerpo como a cualquiera que conociera la Sala… Primero me vinieron a la cabeza las marchas que hacíamos los voluntarios con los usuarios al centro Hontza en 2002. Un centro de un perfil similar que un año antes a la apertura de la Sala de Consumo Supervisado, estuvo en peligro de cierre en la anterior sede de la calle Zamakola ante la presión de ciertos vecinos y hoy día dicho centro está plenamente integrado en el paisaje urbano del Casco Viejo en el lateral de la Iglesia de San Antón.

Me vino también a la cabeza un amigo que tras años de prisión y una mala racha vital acabó contagiándose de VIH en un muelle de Bilbao la Vieja al compartir una jeringuilla y al mismo tiempo un recuerdo de mi infancia que me retrotrae a un Bilbao duro y gris de los 80 que esperamos no vuelva… Un amigo de aita trabajaba en el mantenimiento de la calefacción de las torres de Zabalburu y como el acceso era un túnel resguardado y con calor, todas las semanas encontraba algún heroinómano muerto por sobredosis en los bajos de aquellas casas que entonces se vendían como de lujo…

Calle Dos de Mayo, Bilbao.

 

Con este mal cuerpo que espero haberos transmitido me puse a documentarme sobre las noticias que han ido surgiendo en torno a la Sala de Consumo Supervisado para poder entender cómo era posible el cierre de otro servicio público en mi opinión esencial.

Antes de nada y por situar la cuestión entiendo que un Servicio Público es la actividad desarrollada por una institución pública o privada con el fin de satisfacer una necesidad social determinada y que por lo general es gratuito y se financia con fondos públicos. Dejando al margen debates técnicos acerca de aquellos servicios públicos a los que está obligado una administración pública al crearse por ley un derecho subjetivo para el ciudadano, o las carteras de servicios que están tratando de establecer algunas administraciones públicas, lo cierto es que lo fundamental de un servicio público es que atiende a una necesidad social, que el acceso sea gratuito y su financiación pública. A estas características clásicas yo añadiría otra que me permitirá reflexionar sobre el tema: para ser considerado como servicio público debe ser percibido como tal por la ciudadanía y asimismo, la administración pública debe considerarlo como tal y velar por la correcta prestación del mismo.

Es en este último punto donde comenzaré mi análisis. De lo que he encontrado por internet parece que la Sala de Consumo Supervisado se puso en marcha mediante un Convenio de Colaboración (una forma de subvención más estable equivalente a un contrato en el ámbito privado). Según lo que he encontrado en la prensa de internet dicho Convenio lo firmaron en el año 2003 Javier  Madrazo como Consejero de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco y la presidenta entonces de la ONG Médicos del Mundo Celina Pereda, posteriormente Directora de Drogodependencias del Gobierno Vasco durante el Gobierno de Patxi López.

Por lo que aparece en prensa al parecer el centro contaba también con subvenciones del Ayuntamiento de Bilbao y Diputación por lo que imagino que como tantos Servicio Públicos del ámbito de la exclusión social la entidad gestora tenía que hacer malabares de pluri-financiación para poder pagar los gastos del centro y a sus profesionales.  Esta inestabilidad es la que lleva en muchos casos al cierre de servicio públicos que atienden situaciones de especial necesidad:  distintas administraciones actúan solamente como meras financiadoras y en época de recortes las subvenciones al ser medidas de fomento de actividades de interés público y no servicios a los que estén obligadas a prestar por ley, las administraciones públicas recortan casi de forma automática por el eslabón jurídico más débil, que paradigmáticamente es el que en muchos casos atiende a los más débiles.

Sin embargo esto no es excusa para una reflexión crítica en el tercer sector acerca de la gestión que se hace en algunos casos de Servicios Públicos. En mi opinión las entidades gestoras de servicios públicos deberían exigir a las administraciones públicas una mayor dirección pública (técnica, no política) y un mayor conocimiento y difusión del servicio por la administración para lograr que sean socializados y percibidos como tales por la ciudadanía. De hecho, si sólo acudimos a la administración solicitando mayor estabilidad  financiera y luego pretendemos llevar a cabo los objetivos estatutarios de nuestra ONG sin la dirección y control del servicio por la administración, es más probable que nos encontremos con cierres en época de cambio de responsables políticos.  No necesariamente por una cuestión ideológica, sino muchas veces por desconocimiento de dicho servicio y por tanto por falta de consideración del mismo como servicio público por la propia administración.

Al hilo de esta última reflexión crítica, nunca entenderé la obsesión de algunas entidades del tercer sector por figurar el nombre de su entidad en la gestión de un servicio público, cuando a mi entender lo que beneficia al servicio es precisamente que no sea importante quién lo gestione, quedando así  la reforzada la percepción social del mismo como servicio público. Lo verdaderamente importante (tal y como recoge algún convenio sectorial del ámbito de los servicios sociales) es mantener la experiencia acumulada en la prestación del servicio público por los profesionales del mismo a través de la subrogación de los trabajadores, tal y como sucede en el caso de Contratos de prestación de Servicios Públicos, fórmula que debería integrarse también en los Convenios de Colaboración de gestión de servicios públicos consolidados en el tiempo y en la comunidad.

En el caso que nos ocupa, tal y como han señalado las trabajadoras, llama la atención que la entidad gestora del servicio no haya aclarado públicamente los motivos de no querer continuar gestionando el servicio de manera que los ciudadanos nos enteramos a medias por desgracia en función de que interese en el momento el tema a El Correo.

Por supuesto que en cuanto a las administraciones implicadas cabe una crítica mucho más directa. Algo hemos oído de la Diputación y Ayuntamiento, pero si el Convenio es de Gobierno Vasco ¿por qué no tenemos noticia alguna?  ¿Consideran las Administraciones públicas que es un servicio público esencial? ¿Cómo lo han gestionado en los últimos años más allá de financiarlo?

Hay que tener en cuenta que incluso con subvenciones anuales nuestra labor como gestores de fondos públicos (hablo ahora como funcionario de una Administración Pública) es verificar que el servicio se presta en los términos acordados más allá de justificaciones económicas y memorias anuales.  ¿Qué labor de puesta en valor del servicio público y socialización del mismo han realizado?

Evidentemente son preguntas sin respuesta porque creo que el propio modelo de trabajo de gestión de servicios públicos de las administraciones públicas debería ser sustituido. En este ámbito deberían las administraciones públicas aprender de las entidades del Tercer Sector: trabajo multidisciplinar, especialización, trabajo en red y coordinación. Las administraciones públicas están lejos de tener a nivel técnico dicho modelo. Por desgracia son escasas incluso las mesas de trabajo interdepartamentales dentro de una misma administración y más aún entre diferentes administraciones.

En último lugar y más importante deberíamos reflexionar como sociedad de forma crítica acerca de los servicios públicos que queremos y en qué medida los exigimos a las administraciones y los defendemos comunitariamente como esenciales.  Vuelvo a las imágenes y sensaciones con las que comencé el artículo. El caso de la Sala de Consumo Supervisado es paradigmático porque supuso un cambio de modelo de prestación de servicios a drogodependientes; se pasa de un cierto paternalismo meramente asistencialista e individual a un planteamiento realista y con visión social de conjunto de reducción de daños, que supone la dignificación de los drogodependientes y deja una puerta abierta al acceso de éstos a otros servicios públicos y su posible inclusión. Al mismo tiempo la sociedad se dignifica igualmente al no cerrar los ojos a una realidad que es de todos y tratarla de forma multidisciplinar y profesional con un extraordinario trabajo social en red que no beneficia únicamente a los usuarios ni simplemente higieniza las calles, sino que nos acerca a un modelo de sociedad más integrada, madura y consciente de los problemas sociales que quiere superar para lograr ser una sociedad más justa y cohesionada.  Si en su día salimos a la calle a defender Hontza de forma plural, unidos tercer sector y ciudadanos anónimos, debemos crecer como sociedad  y ser nosotros los que exijamos servicios públicos como la Sala de Consumo Supervisado si queremos realmente una sociedad mejor, en vez de quejarnos de forma pueril acerca de lo mal que lo hacen las administraciones públicas.

Ahí reside la esencialidad de un servicio público, en la percepción y defensa que una sociedad haga del mismo, si se cierra finalmente la Sala De Consumo Supervisado de Bilbao perdemos todos.

Roberto Moreno

Responsable del Servicio de Justicia de Adultos de la Dirección de Justicia del Gobierno Vasco

DE FIESTA TAMBIÉN TEN CUIDADO CON EL VIH!

Si has tenido prácticas de riesgo o simplemente deseas informarte sobre tu estado serológico, quieres conversar con alguien, tienes dudas o quieres contrastar información, si necesitas preservativos y no sabes cómo protegerte en tus relaciones sexuales. Acude a vernos, estamos en la Calle Bailen nº 13, en Bilbao.

También hacemos la prueba de VIH: Las pruebas se realizan de forma anónima, confidencial y gratuita en los locales que nuestra asociación tiene en la calle 2 de Mayo nº 6, 1ºDcha, los Martes y Miércoles, de 16.30 a 19.30h, sin cita previa.

Comisión Ciudadana Antisida de Bizkaia

Agosto, 2014.

LA NARCOSALA: días del futuro pasado

 

Desde el momento en que son escritas estas líneas poco importa ya como fue que paso. Poco importan las negociaciones, los flecos sueltos, las responsabilidades sobre cómo fue. El asunto es que sucedió.

La sala de consumo supervisado de Bilbao fue cerrada en Diciembre de 2014.

Un proyecto que consiguió ganarse el respeto y la valoración de personas usuarias, vecinos y vecinas del barrio, así como el prestigio de ser un auténtico proyecto de innovación social.

CALLE CORTES, BILBAO.

La Narcosala, que se había convertido durante esos años en un auténtico “territorio de frontera” donde aportar un granito de humanidad a personas que la habían perdido, de repente se cerró.

A partir de entonces, recuerdo volver a ver de nuevo personas drogandose en las calles, el aumento de las muertes por sobredosis en condiciones insalubres, el recuerdo de lo que fue la estación de la Naja (que cayó durante largo tiempo en el olvido…).

Pero sobre todo recuerdo otras muertes. Menos concretas y dolorosas quizá, y seguramente menos importantes, claro. Se nos murieron unas cuantas ideas sobre la salud, sobre lo social… Y las que quedaron vivas empezaron a deambularnos buscándose la vida… Ideas-yonki que empezaron a molestarnos…

Y ya nadie se atrevió a hablar de emprendizaje social, y pasó de moda cualquier mención en congreso o conferencia sobre el espacio sociosanitario.

También se volvió yonki la idea de la integración de la red de salud mental y la de toxicomanias. Se perdió la oportunidad de trenzar ambas redes, que quizá nunca debieron estar separadas. Perdieron su oportunidad ambas de aprender la una de la otra. Igual que lo fue la de una sanidad pública que no dejara fuera a nadie. Y sin excusas. Volvimos a olvidar que los peores recortes fueron los recortes éticos, que el neoliberalismo triunfó en el mismo momento en que empezamos a regirnos por la lógica del beneficio económico. Se hizo el silencio, y se dejó de hablar de ellas.

Si bien es cierto que nuestra sociedad del Bienestar se basa en su capacidad de integrar a todas las personas, no es menos cierto que en el reconocimiento de su fracaso, quizá su salvación se encuentre en el modo en cómo trata a los últimos, a los que no tolera, a los que no es capaz de integrar.

Y el cierre de la Narco, terminó con esta idea. De alguna manera fue la puntilla de aquella mal llamada crisis, se conquisto nuestra última trinchera de dignidad como sociedad, como ciudadanía.

(Nunca me gusto la idea de “baja exigencia”. Nos confrontaba con la pregunta sobre quiénes éramos para exigir nada, y además, que criterio es ese de alto o bajo en lo que tiene que ver con lo que alguien necesita para estar mejor? ¿No era acaso el espacio de la Narco un buen apoyo individualizado, una muy buena adaptación curricular, un buen tratamiento a medida, un espacio de salud pública, el mejor trato personalizado? ¿No se trataba de lograr mejorar la salud de una parte de la población, sin juicios, ni exigencias?)

Y fue consagrada, pues, la idea de la redención individual, dejo de ser parte de la agenda de salud pública, se volvió a releer la toxicomanía en términos moralizantes, y de nuevo se les comenzó a a etiquetar a estas personas de viciosas, de maleantes. Volvió el recelo, la desconfianza, el miedo… Con el cierre de la Narco algo se nos cerró por dentro.

Iñaki García Maza, psicólogo y psicoterapeuta.

Asociación ERAIN

La Sala de Consumo: Un recurso imprescindible

 

He pensado que la conclusión a la que han llegado los gestores de la sala de consumo  supervisado de la calle Bailen, en Bilbao, ha sido muy buena. Me refiero al hecho de retardar su cierre. Necesitamos más esfuerzo, luchar más… eso todos tenemos que mentalizarnos.

Es un recurso imprescindible en los días de hoy, dado que el gobierno quiere un Bilbao limpio y turístico, la preciosa ría (2000) se supone será un punto muy atractivo. Ya lo fue en sus tiempos, y seguirá siéndolo. Y entre la misma y otros sitios de Bilbao volverán a ser lo mismo de antes, bueno, la cuestión es que el Gobierno Vasco ponga mano en esto, porque es un bien necesario para todos.

También es una institución que es poco reconocida, pero muy conocida por varios medios de comunicación, de todos los niveles, y status  sociales, que no os imagináis, porque en España (Bizcaia, Bilbao) tiene una sala de consumo (muchos se quedan con la boca abierta).y muchos han dicho que vaya cultura, que mentes más abiertas.

Y eso es bueno oírlo en otros países, con otras culturas, porque yo lo viví. Hay quien no sabe que existen gobiernos inteligentes, cultos, dinámicos. Espero que hagan todo lo posible para mantener la sala abierta, este recurso riquísimo  y tan humano que tenemos. Para todos apoyar esta causa, para que otras potencias mundiales, que son todos países ricos, los más de Europa, esto es real verdadero.

Que sepan que también nosotros somos un país con cultura, tan buena si no mejor que ellos. Y bueno, me gustaría que continuara, porque es señal de inteligencia, y creo que nuestros gobernantes la tienen…?

Un saludo, por un Bilbao mejor, y limpio.

Gaspar B.

Bilbao, Julio 2014

HASIERA: Un Centro de Día de inclusión social.

 

“Hasiera es un centro de día de inserción social donde nos ayudan a insertarnos y a incluirnos en la vida social. Es un centro de día que aporta ayuda, entretenimiento, olvidarte de los malos pensamientos que nosotros, personas con problemas, necesitamos para poder hacer una vida normal que es lo que queremos.”

Hasiera es un espacio en el cual tenemos siete ordenadores, un horno-microondas, un despacho. En el taller de reciclaje estamos haciendo lámparas de madera y otros artículos como sofás, mesas, percheros, e incluso árboles de navidad, todo ello con madera y materiales reciclados. Tenemos una tele donde vemos las noticias o películas, merendamos, salimos a fumar un cigarro y volver a empezar la tarea.

Calle Bailen, Bilbao.

 

¿Qué hacemos en Hasiera?

“Hasiera para mi, de momento, es un medio terapéutico y esencial, para integrarme, en varios aspectos, que van ocurriendo, en el día a día…”

Los lunes tenemos una asamblea y una salida, que el próximo lunes será para ir a la playa. Los martes trabajamos en el taller de restauración y reciclaje, y después hacemos una lectura en el Centro Cívico. Este mes estamos leyendo Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. El miércoles tengo deporte, hoy hemos ido al frontón de Uribarri, y hemos vuelto para comer. Tras la comida tenemos informática. El jueves volvemos a trabajar en el taller de restauración y reciclaje, tenemos un descanso y volvemos a comer. Después hacemos un taller de Habilidades sociales. Y finalmente, el viernes tenemos video-forum. Me gustaría volver a ver la película “El precio del poder” de Al Pacino.

 “Hasiera es un taller de trabajar el tiempo libre. Mediante restauración, repostería, deporte y Internet. Estar entretenido y no pensar en las drogas.”

¿Qué me aporta a mi Hasiera?

Hasiera te aporta varias cosas, enseñanza básica en informática y restauración, salidas, hacemos repostería o comida que nosotros decidimos, deporte, video forum o cualquier sugerencia que aportes en las asambleas que tenemos los lunes.

“Para mi Hasiera me ayuda, a saber reconocer, (todo tipo de cosas) que yo desconozco. Me ayuda a organizar-me un poco de manera general, (poner ideas al día).”

Pasar el tiempo libre, por ejemplo, en manualidades, ordenador y lo mejor es que te acompañan donde te haga falta: al hospital, al psicólogo, al psiquiatra, a tu trabajadora social etc…

¿Qué taller me gusta?

“Conocí hasiera atreves de la comisión anti-sida de Vizcaya. Veo que tienen varios talleres, bastante interesantes, porque  puedes hacer varias cosas para la vida cotidiana y aprender  que no ocupa sitio. Pasen y conozcan nuestros servicios.”

“Es informática ¿para qué? ¿Para qué quiero chatear?  ¡Porque  quiero poder saber cómo está mi familia, mis cuñados y sobrinos, no para chatear con cualquiera!”

“El taller que más me gusta es la repostería,  el de las fajitas que son de pan de tortita, pollo y verduras variadas que hicimos en el horno y estaban buenísimas.”  “Me gustan todos, excepto los días no son iguales, (depende del ánimo que tienes en esos días), mejor o peor…” “Restauración e informática y las horas que me permite estar ocupado.”

EQUIPO HA-SIERA

Bilbao, a 17 de Julio de 2014.

Algunas reflexiones sobre el posible cierre de la Sala de Consumo Supervisado de Médicos del Mundo

Grafiti Marzana, Bilbao.

 

La reciente noticia sobre el cierre de la Sala de Consumo Supervisado de la calle Bailén, de “la Narcosala”, como popularmente se la conoce, la recibí entre el estupor y el escándalo.

Estupor porque, como miembro del tejido asociativo bilbaíno y vecino del barrio de San Francisco, la Narco se había convertido ya en un espacio referencial dentro de mi cosmovisión del mundo social en el que vivo y escándalo por ser un nuevo recurso de los que entiendo que sucumbe al nuevo modelo social y económico que con la excusa de la “crisis” (que en realidad es una estafa colectiva) nos están imponiendo. La verdad es que esa primera fase de estupor escandalizado está cambiando y se está transformando en una honda indignación, que es la emoción que me domina en el momento de escribir estas líneas. La verdad es que el momento actual, en el que parece que el cierre de la sala deja de ser tan inminente y se prorroga hasta ¿noviembre, diciembre? No atenúa mi indignación porque entiendo que el daño ya se ha hecho y, como siempre, éste ha caído ante todo y sobre todo sobre unas personas especialmente vulnerables, aquellas que a su situación de drogodependientes añaden una severa exclusión social y toda una serie de problemáticas añadidas (sanitarias, económicas, personales, familiares, etc.) que no hacen sino multiplicar el grado de deterioro físico, psíquico y social de estas personas.

Como bien dice Cosme Sánchez en su artículo “En defensa de la Sala de Consumo Supervisado: La Reducción de Daños y la Baja Exigencia en Bilbao”, el trabajo en red desde la baja exigencia resulta imprescindible tanto desde una perspectiva terapéutica integral como desde un enfoque comunitario. Hago mías estas afirmaciones igual que las de las trabajadoras de la Sala cuando en su “Nota de prensa” del 16 de Junio de 2014 afirman que la responsabilidad última de garantizar el derecho a la salud de todas las personas es de la Administración Pública. Pero siendo esto así, no es menos cierto que ante todo y sobre todo la Sala de Consumo de Bailén es un bien social, un haber de la comunidad, y es como parte de esa comunidad que entiendo una obligación ética y política defender este recurso y exigirnos a todas que aportemos nuestra parte en la lucha por defender este espacio, que no es otra cosa que un garante de salubridad tanto individual para las personas usuarias, como colectiva para todas las personas que compartimos la comunidad con aquellas. Porque no nos olvidemos de una cosa, tanto los conceptos de “marginalidad” como de “exclusión” son ilusiones ideológicas que intentan esconder una realidad tan evidente como olvidada: todas las personas que compartimos un espacio estamos profundamente hermanadas y lo que nos pasa a unas, nos afecta a todas, especialmente en lo relativo a los recortes de derechos.

Es por ello que sí, que entiendo que la responsabilidad última de mantener abierta la Sala de Consumo Supervisado es de las Administraciones Públicas, pero también entiendo que es la responsabilidad primera la mía, y las de las demás personas que como yo constituimos la comunidad, la sociedad civil, el barrio o el como queramos definirnos, exigir a esas administraciones que cumplan con su responsabilidad de “garantes” del derecho a la salud pública. Por que lo siento mucho, pero después de casi 15 años siendo miembro de SalHaketa en Bizkaia, de trabajar con la problemática penitenciaria y todo lo que ello implica, no puedo por menos que sentir repugnancia por una sociedad que considera un delito el atentado contra la salud pública y condena a severas penas de prisión a las personas que cometen ese delito, pero que no sólo no pone los medios para evitar la comisión de ese delito a través de políticas de prevención, reducción de daños y promoción de la salud pública, sino que además garantiza la impunidad de ese mismo delito cuando quien lo comete son las propias administraciones públicas… Sí, han leído bien, en mi opinión el cierre de la Sala de Consumo Supervisado es un atentado contra la salud pública, así que si la responsabilidad última de ese cierre es de las Administraciones Públicas, entiendo que éstas están cometiendo un delito, al menos por omisión ¿Van a recibir el mismo castigo que el usuario potencial de la Sala que puede tener que verse obligado a consumir en la vía pública y en condiciones de insalubridad cuando esta cierre? Todas sabemos la respuesta a esta pregunta.

Pero como dije anteriormente, el daño ya está hecho: la reducción del horario de apertura de la Sala (que ahora cierra fines de semana y festivos) ha vuelto a generar situaciones de consumo en la vía pública que hacía tiempo que no teníamos en el barrio. Un servicio que tendría que haberse ampliado y descentralizado (abriendo más salas en más barrios) se ha visto recortado y puede que acabe desapareciendo. ¿Cuántos procesos de estabilización o mejora de personas drogodependientes puede haber frustrado ya esta situación? ¿Cuántos puede que acabe frustrando el cierre definitivo? La verdad es que es imposible saberlo, pero con que sólo fuera uno, ya serían demasiados. Y no nos engañemos, el problema es político, político no en el sentido de partidista, no estoy hablando de “electocracia”, sino en el sentido de público, de comunitario, de colectivo, de pacto social… Político en el sentido de aceptar vivir en una sociedad que rescata bancos pero no personas, con independencia de lo que quiera la ciudadanía. Político en lo referido a la negación de derechos tan fundamentales como el de la salud, el de la integración social, el de la seguridad de todas las personas, incluidas las drogodependientes y su derecho a tener un “consumo seguro”…

Es por todo lo dicho que me siento tan indignado por el cierre de la Sala de Consumo Supervisado, porque este cierre implica mucho más de lo que pueda parecer en un primer momento. Porque este cierre trasciende la problemática de la drogodependencia o de la intervención socioeducativa, incluso de la promoción de la salud. Es ante todo un ataque más al tejido social de la comunidad. Pero he de reconocer que no es sólo indignación lo que siento, porque siento también una profunda tristeza, tristeza de comprobar que una vez más los recortes, las crisis, los ajustes presupuestarios y las cuentas de beneficios vuelven a cebarse en las mismas personas de siempre: las más desfavorecidas. Y ahí también hay política, la política de priorizar los números antes que las personas.

Y quiero acabar recordando que precisamente por ser una cuestión política es una responsabilidad de todas las personas que formamos parte de esta sociedad defender la Sala de Consumo y a través de ella defender el derecho a la salud pública y defender el derecho a la integración social de todas aquellas personas que por el motivo que sea están en situaciones de exclusión. En mi modesta opinión, la política es una cosa demasiado seria como para dejarla en manos de los políticos o de las Administraciones públicas, así que asumamos como comunidad la defensa de los espacios públicos de intervención y acompañamiento sanitario y/o socioeducativo, seamos imaginativas y planteemos nuevas formas de gestión de los recursos que ya tenemos, seamos creativas a la hora de inventar y construir nuevos espacios… Porque si nuestro objetivo es la defensa de la humanidad en todas sus formas, la razón ya está de nuestro lado. Hagámosla realidad defendiendo un recurso como el de la Sala de Consumo tanto por lo que es, como por lo que significa.

Carlos E. Hernández

Coordinador de SalHaketa-Bizkaia

Condena: Ni ayudas ni préstamos para poner un negocio. Razón: Deuda perpetua. Tiempo de condena: Para siempre

Barrio de San Francisco, Bilbao.

Esta es una carta que escribí a un banco de banca ética, que explica una problemática que tengo:

Llevo algún tiempo intentando buscar un baserri con una pequeña parcela (de unos 2 km cuadrados) para poner una huerta y vender los excedentes. También, para dar la oportunidad a la gente que no puede vivir en el campo y a los que pagan las cestas, de visitar la casa, trabajar la tierra, y disfrutar de un fin de semana en el campo, aprendiendo de paso un poco. “Ecoturismo” creo que lo llaman ahora.

Aunque a mi me gustaría más profundizar en esas relaciones y, por qué no, contagiarles el virus de la vida campesina a baserritarras que aún no saben que lo son. Algo más allá de simple turismo para hacer caja.

El tema es que no tengo dinero para comprar uno, ni posibilidad (ni ganas) de meterme en un macro aval que me esclavice de por vida a un banco. Yo lo que quiero es alquilar algo. Tampoco me planteo alquilar un terreno y vivir fuera de él pues mi proyecto va más encaminado a un estilo de vida que al mero negocio.

A veces hasta me he planteado expropiar una casa/finca a la que no se le esté dando un uso adecuado, dejándola morir, y okuparla. Pero tirar adelante solo con esto es difícil. Tenía apalabrado un baserri con una pareja en Ibarrangelu, y los tìos se han echado para atrás porque han visto la posibilidad de sacarle más pasta, y me están presionando para que pague más. Pero no voy a entrar en ese juego. Ya les he dicho que se busquen a otro. A ver a quien empaquetan su baserri ahora…

En fin, ando desesperado. Poner una huerta, a parte del alquiler, requiere de una inversión, que no es muy grande pero a la que no llego. Yo actualmente cobro la RGI, pero quiero valerme por mi mismo. En todo caso, debido a mi pasado y a mis muchas deudas con bancos, Diputación etc… Nadie quiere ayudarme en mi proyecto. Para mí no hay préstamos ni subvenciones.

Se que en mi pasado no hice bien las cosas, pero también creo que me merezco otra oportunidad. Solo tengo una “deuda perpetua” con bancos y Diputación, que solo me genera intereses y más deuda. Para mí inasumible. Si fuera una deuda hipermillonaria seguro que me la condonarían, como hicieron con los defraudadores a hacienda, pero por desgracia no es mi caso. Yo solo debo alrededor de 10 mil euros. Pero ni siquiera quieren refinanciar la deuda. ¿Alguna institución me va a decir como coño lo voy a pagar si las cuotas que puedo dar solo cubren los intereses?

Lo dicho: Es lo que se llama una deuda perpetua. Que NO ME DEJAN, pero que a mi me gustaría finiquitar. Llevo mucho tiempo ahorrando de mi RGI a base de muchos sacrificios. Pero así voy a tardar mil años en poner en marcha mi proyecto.

Yo solo quiero salir de la calle y volver a sentirme una parte útil de está sociedad. No quiero depender más de la RGI. Pero nadie contrata a un ex-yonky sin ninguna experiencia laboral, y mucho menos se le va dar ayudas para poner en marcha una empresa. ¿Me tengo que resignar a vivir de ayudas toda mi vida? ¿A volver a la calle cuándo algún lumbreras de Lanbide (como ya me pasó el año pasado) decida que ya no me merezco la RGI? Ustedes hablan de no dar peces, y de enseñar a pescar. Yo ya sé pescar. Soy de familia de agricultores y he hecho cursos de agricultura ecológica y permacultura.

Por favor denme una caña para que no tenga que pescar con las manos vacías. Esa es toda mi idea. No sé si me podéis echar una mano. Gracias por leerme de todas maneras. Para mí ya es mucho, puesto que en algunos sitios ni a eso se dignan.

Jose Luís, El Flautista.

 

EN DEFENSA DE LA SALA DE CONSUMO SUPERVISADO: La Reducción de Daños y la Baja Exigencia en Bilbao

Calle Bailen, Bilbao.

 

La Sala de Consumo Supervisado abrió sus puertas en Noviembre del 2003, en Bilbao. La sociedad vasca no ha sido ajena al fenómeno de las drogodependencias y las instituciones han sabido poner en marcha diversas iniciativas para dar respuesta a los problemas derivados de los consumos de drogas.

La actual red existente (Pisos de apoyo a tratamiento, Servicios Sociales, Centros de Baja Exigencia, Comunidades terapéuticas, Salud Mental y Educativos) es fruto de tres décadas de intenso trabajo colectivo implicando a profesionales, instituciones y ciudadanía. Ante la complejidad radical que implican las adicciones, y la necesidad de ampliar sus marcos de atención social y sanitaria, surge la estrategia de Reducción de Riesgos, y la Baja Exigencia encuentra cobijo y razón de ser en el escenario de las políticas más progresistas de actuación en el territorio de Bizkaia. De esta manera surgen, desde diferentes lugares, iniciativas que abordan la cuestión de las toxicomanías desde Otro lugar, con Otras miradas.

Esta perspectiva presenta alternativas más flexibles y más acordes a las características actuales de la red de atención social siendo capaz de acoger, dar asilo, a las particularidades de las personas que atendemos, posibilitando así la creación de programas, estrategias, dispositivos y acciones que atiendan a estas singularidades, como punto ético irrenunciable.

Recordemos que el concepto “Reducción de Daños” como estrategia de intervención ante los problemas derivados del abuso de drogas no comenzó a usarse hasta finales de los años ochenta como respuesta a la importancia que adquirieron los problemas asociados al consumo, especialmente la epidemia del sida entre los usuarios de drogas inyectadas en los países occidentales. En la génesis y en el posterior desarrollo de estos nuevos escenarios se encuentra el Movimiento asociativo como pilar fundamental. Es a raíz de la iniciativa particular de asociaciones y colectivos ciudadanos que comienzan a surgir diversos espacios comunitarios dedicados a la atención socio-sanitaria de poblaciones en riesgo de exclusión social, toxicomanías o Salud Mental.

En este contexto nacen en Bizkaia durante la década de los 80 nuevos dispositivos en la red de atención en Salud Mental (efecto de la reforma psiquiátrica): Centros de Salud Mental, Unidades de psiquiatría infantil, Hospitales de Día, Servicios de alcoholismo y ludopatías, Módulos psicosociales, Centros para el tratamiento de toxicomanías, Programas de Mantenimiento con Metadona, Centros de Día, Comunidades Terapéuticas de toxicomanías, Clubs psicosociales y Servicios de rehabilitación comunitaria, entre otros.

En nuestro entorno más próximo se crean a su vez Servicios de atención diurna y nocturna, Centros de Día, albergues sociales, una Sala de Consumo Supervisado, pisos tutelados, recursos dedicados a la Reinserción social y laboral, Asociaciones de usuarios y familiares o Actividades de ocio y tiempo libre. Así mismo, desde la red Sanitaria se promueven Programas sectoriales de prevención, atención primaria, detección precoz, Urgencias psiquiátricas, hospitalización o programas de rehabilitación, entre otros. Es entonces cuando comenzamos a vislumbrar la necesidad de coordinación y trabajo en red entre los diversos recursos socio-sanitarios, fortaleciendo el tejido social y profundizando en las metodologías del acompañamiento desde el marco que nos proporciona el Modelo de Reducción de riesgos y daños asociados al consumo de drogas.

Así, el objetivo de esta nueva manera de mirar la cuestión de las drogodependencias deja de ser únicamente la abstinencia en el uso de sustancias y la criminalización de aquel que pese a las recomendaciones del discurso neo-higienista decide continuar consumiendo. Entonces la abstinencia ya no se plantea como condición sine qua non (de carácter más bien obligatorio), y las recomendaciones pasan a centrarse en la atención social, sanitaria, terapéutica o legal orientada hacia la disminución de los riesgos asociados al consumo y las problemáticas sociales que de ellos se derivan. Sin embargo este modelo no solo implica un cambio en los objetivos planteados y por lo tanto en las estrategias a poner en marcha, sino que implica también una transformación en la filosofía que subyace a estas estrategias, es decir, exige un cambio en las creencias, las actitudes, los pensamientos y los discursos contemporáneos que se articulan en torno a la cuestión de las drogas y a los fenómenos de desinserción social y Salud Mental asociados.

Es decir, el modelo de reducción de riesgos y la Baja Exigencia no se detiene ante los efectos del tóxico en la salud, sino que propone un abordaje integral de la persona y de todas aquellas facetas que puedan verse afectadas por el consumo de drogas, como son el aislamiento social, la exclusión del circuito laboral y educativo, así como la evitación de los efectos excluyentes derivados de la actuación del sistema penal y policial, poniendo a trabajar juntos a los profesionales de diversas disciplinas sociales y sanitarias para abordar la complejidad del fenómeno que nos ocupa.

En este contexto, lo que conocemos como Dispositivos y Servicios de Baja Exigencia se han mostrado especialmente útiles, eficaces e imprescindibles para operar en el tratamiento comunitario de las adicciones, la Salud Mental comunitaria y las desinserciones sociales. En mi opinión este tipo de servicios nos dan la clave para pensar la atención social general y las coordenadas que ha de seguir el programa institucional en la actualidad. Podemos pensarlo quizás como el laboratorio en el cual vamos a poder encontrar la orientación que nos conviene aislar, y asimilar, de cara a producir una atención social eficaz, ética y humana que atienda tanto a las particularidades de las personas como a las singularidades de los profesionales, disciplinas y servicios, de acuerdo con su función dentro del aparato de la atención social y la diversificación de las redes actuales de atención social.

Se trata de servicios más flexibles, más líquidos, más dúctiles a los cambios sociales, que se adaptan muy bien ante los nuevos modelos de consumo y ante el escenario actual tan marcado por el signo inequívoco de la fragmentación social. Servicios en donde hemos aprendido la utilidad de la escucha y de la palabra, donde aprendemos cada día a pensar nuevas maneras, inéditas, una por una, de hacer consistir el lazo social, atendiendo a las invenciones particulares de las personas que atendemos.

En este sentido y para mostrar su verdadera eficacia social, el modelo de atención socio-sanitario debería interesarse especialmente por lo que ocurre, digámoslo así, a pié de calle. Y en particular en la atención a aquellas personas que padezcan causas graves de salud, limitaciones funcionales, Salud Mental, o se encuentren en situaciones de especial vulnerabilidad o riesgo de exclusión social, y necesiten de una atención social y sanitaria simultánea, coordinada y estable. Personas que nos ponen a trabajar juntos, a unos y a otros (En red), en la atención de aquellos casos que quedan más alejados del lazo social.

En la actual configuración de la red de servicios de Bizkaia, que es fruto de una estrategia colectiva y de muchos años de trabajo, resulta imposible entender la red de atención social sin los servicios de Baja Exigencia. En este sentido es tan importante la labor de la trabajadora social de los Servicios Sociales de Base, como el trabajo del educador social de calle. Ambas funciones solo encuentran su sentido en el conjunto de la red, ¿por qué? Porque hoy en día es necesario saber que el tratamiento es la red.

En consecuencia, este Modelo de atención que tenemos en Bizkaia involucra en su intervención la creación de equipos interdisciplinares capaces de acoger en su seno distintas disciplinas y discursos. Así mismo, el trabajo en equipo cobra un especial papel como eje y sostén de la intervención. Se trata, por tanto, de “engrasar la red” desde sus cimientos, buscar aquellos resortes y engranajes necesarios para hacer operativa una asistencia social adecuada, flexible y operativa, sin renunciar a un punto ético fundamental, a saber, la atención particular de cada persona, cada persona ha de ser acompañada de manera diferente. La persona debe ocupar por lo tanto el centro de la red, la red solo tiene sentido si sostiene a las personas. Porque no nos engañemos, es la persona la que crea la red, su propia red, y no al revés. Esto implica, de entrada, cierto grado de humildad por parte de los profesionales.

En síntesis, el Modelo de la Baja Exigencia implica un giro conceptual en los dispositivos de trabajo asistencial y preventivo, donde la intervención se asienta en una filosofía comunitaria, lo que favorece, potencia e impulsa el desarrollo de intervenciones en otros muchos campos, Salud Mental, Servicios Sociales y Educativos, de tal manera que podamos atender a las personas en sus diferentes procesos de incorporación social.

Podemos considerar, tal vez, que lo que conocemos como Baja Exigencia nos proporciona una vía de acceso imprescindible e irrenunciable para comprender, por ejemplo, las coordenadas previstas por el programa ins­titucional, en tanto en cuanto los servicios en los que trabajamos van a ser capaces de acoger o no a estas personas, o si por el contrario van a segregarlas, a dejarlas caídas de la atención social. Es decir, estos casos subvierten, en gran medida, la propia lógica institucional. Son casos que nos animan a pensar otras maneras de hacer Educación Social, ante la emergencia de un saber que está por venir en el tratamiento de la red de atención social y las problemáticas emergentes.

Resulta imprescindible que existan este tipo de dispositivos para atender de manera integral las cuestiones actuales de la adicción y las fragilidades sociales en Bizkaia.

Ante la noticia del cierre de la Sala de Consumo Supervisado de Bilbao, a 26 de Junio del 2014.

Cosme Sánchez Alber

Técnico en Intervención Social

Comisión Ciudadana Antisida de Bizkaia

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