”Las apariencias engañan”

Como todos los años, el día 24 de septiembre, celebramos la Festividad de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las prisiones.
Durante esta semana nuestra asociación, Bidesari de Pastoral Penitenciaria, se encarga de dinamizar distintas actividades dentro de la prisión de Basauri.

Nos puede parecer extraña la combinación de 2 palabras tales como fiesta y prisión, que sin llegar a ser opuestas, no suenan de un modo armónico. De hecho las personas que se encuentran en prisión tienen poco que celebrar en sus vidas, puesto que están cumpliendo condena por situaciones cometidas en el pasado.

Desarrollaron acciones que les situaron al margen de la ley y en las que en ocasiones pudieron hacer daño (de distintas maneras) a personas concretas que forman parte de la sociedad e incluso a ellos mismos. Pero tampoco debemos olvidar que las prisiones no sólo deben de tener ese aspecto punitivo, donde la persona pierde uno de sus derechos fundamentales (la libertad), sino que también debe de promover en esa persona actitudes y aptitudes para el cambio, puesto que la situación que está viviendo esta persona no es eterna, sino que solo es temporal, y más tarde o más temprano volverá a incorporarse y formar parte de la sociedad.

Por eso nuestro trabajo como asociación incide en esta segunda parte, y de este modo pretende que las personas presas sean conscientes de sus errores, se responsabilicen de sus actos y con un acompañamiento educativo y los recursos humanos y materiales necesarios estas personas deseen libremente vivir de un modo muy diferente al que habían vivido con anterioridad.

Sobre todo porque las personas presas con las que trabajamos ya habían perdido su libertad, puesto que llevaban una vida por y para todo tipo de drogas. Este tipo de adicciones afecta a multitud de personas que se encuentran en la prisión, y por ello fruto de esa dependencia presentan muchos delitos, que pese a ser sus penas no muy grandes son recurrentes en el tiempo. Esto provoca que en su mayoría las cárceles se encuentren llenas de personas adictas a las drogas o que han recurrido a ese sub-mundo (venta a pequeña escala) para sobrevivir.

Lo que trato de reflejar en estas líneas es la necesidad de romper el mito de que el perfil medio del preso es de alta peligrosidad, y señalar que los presos, en su mayoría, no están en prisión por cometer delitos graves ni violentos. Los delitos contra el patrimonio y contra la salud pública son de un 66% y los de homicidio y contra la libertad sexual son un 14%.
Además pese a los que nos pudiera parecer los delitos no son siempre expresión de la libertad del ser humano (una decisión libre e individual por la que cada uno debe pagar), sino que tienen vinculación directa con situaciones de exclusión social.
En las prisiones se encuentran en su mayoría las personas más pobres y no por regla general las peores personas.

Con todo ello, trabajamos para que las personas presas sean conscientes de su grado de responsabilidad y realicen un trabajo educativo sólido que les permita salir de esa situación. Pero para ello creemos firmemente que a su vez la sociedad debe estar preparada para acoger a estas personas, que a pesar de sus errores, ya han sido juzgados y han cumplido por ellos.
En ocasiones la sociedad (todos nosotros) no presenta las mejores actitudes hacia estas personas, y a menudo es por falta de conocimiento y porque los medios de comunicación tiñen de noticias sensacionalistas todo aquello que se relaciona con la prisión, pero no conocen ni de cerca la verdadera realidad. Alarman a la sociedad de mala manera, dando a entender que en las prisiones del estado las personas entran y salen con una facilidad pasmosa. Cuando no es nada cierto y además, los datos así lo demuestran. Tenemos el sistema penitenciario más represivo de Europa, pese a tener una tasa de criminalidad menor que la media de los países europeos. Pero estos datos contrastados no interesa mostrarlos, sino seguir alarmando y seguir siendo noticia.

Como conclusión, me gustaría que al menos, la sociedad y cada persona en particular se pare a pensar en como ha sido su vida y como ha sido la de otras personas antes de condenar a personas que ya han cumplido su pena en prisión o la están cumpliendo.
No se trata de eximir a las personas de su culpa, ni mucho menos, sino para que cuando esa persona comience a trabajar su cambio personal, al menos cuente con una sociedad abierta y no estigmatizadora.

Es por ello que ahora que nos acercamos a la celebración de la Merced, nos acerquemos desde su etimología medieval, donde “merced” es sinónimo de favor, condescendencia, piedad…, y de este modo veamos con otros ojos a las personas presas y creamos en su cambio.

http://www.otroderechopenal.com/ 

Miguel Yuste Ayarzagüena.

Educador social y responsable del programa de intervención en prisión Animación Sociocultural Penitenciaria de la Asociación Bidesari, en el C.P. Basauri

Facebook Twitter Stumbleupon Delicious More More More
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.