09 Mar 2010

Las 5 de la mañana y el sonido del despertador inunda la habitación donde todavía reina la oscuridad, pese a que los primeros rayos de sol pugnan por desperezarse y colarse en la intimidad de un “depar” en Sopocachi…

Una ducha rápida, el aroma de un café de los Yungas que compite con el sol por adueñarse de la sala donde el Canal Internacional escupe noticias sobre la Gürtel, la crisis, el paro, la nieve…

Gregorio en su radio taxi ya espera en el portal, la Ecuador conserva el ensordecedor silencio de la noche que abandona La Paz, dejando paso a las caseritas del mercado, a la marraqueta recién horneada, ¡mezcladito no más! Herminio saluda cuando cruzo el portal… ¡buen día “jefaso”!

Cruzamos el Prado que amanece, la trancadera que comienza en San Francisco, la autopista jalonada de corredores que ascienden por el arcén, desafiando la carencia de oxígeno siempre presente, las curvas con el claxon y las luces avisando de nuestra subida imparable hacia El Alto, las paredes que no permiten avistar un centímetro cuadrado libre de pintadas… Evo de Nuevo, Satucos, la Revolución avanza…

El avión que despega girando rumbo a oriente, rodeando el imponente Illimani que nos muestra su cumbre nevada. Dejamos atrás el altiplano, El Alto que se desparrama hasta donde la vista alcanza, los valles que pronto se encuentran debajo de nosotros…

Santa Cruz continúa con su atmósfera cargada de humedad, de calor, creando un ambiente irrespirable, trópico en estado puro que te hace echar de menos la dureza y el frío de la altura paceña abandonada hace una hora escasa mientras la ciudad despertaba en un nuevo día.

“Segundo anillo, jefe. Al final de Isabel la Católica” La calle taponada muestra al visitante una orgía de puestos de fruta, salteñas, detergente para la ropa, pasta de dientes, libros escolares, recambios para autos, moteles de unas horas… por fin alcanzamos la parada del autobús, camuflada entre sacos de harina y arroz, que nos tiene que llevar hasta el Charagua, municipio guaraní del Chaco boliviano, a medio camino de Argentina, de Paraguay…

De entre el variado e irreal paisaje humano que se encuentra esperando el bus, se destaca la presencia de los “menonitas”, descendientes de alemanes que continúan vistiendo como los campesinos europeos del siglo XVIII, que mantienen un dialecto extraño, que se dedican, con la misma voracidad que sus antepasados, a acumular tierra y capital, viviendo al margen de la realidad boliviana, encerrados en una burbuja de fundamentalismo cristiano…

Las más de 5 horas de viaje hasta Charagua se mezclan con el polvo y el calor, las vendedoras de charque con elote, los jugos, las películas de Jacky Chang… y acaban en una terminal de buses que apenas consiste en una ventanilla que se abre a una calle de arena, donde una farola que no ilumina sirve como referencia para que alguien venga a buscarte para llevarte a algún sitio… un guiri varado en mitad de la nada.

Dormir en un alojamiento, en “el” alojamiento, despertar a las 6 de la mañana para esperar a los compañeros, hasta las 6 y media, hasta las 7, hasta las 7 y media… subir a una camioneta que abandona el municipio para adentrarse por un camino que serpentea por comunidades rurales, tres, cuatro, cinco casas de madera en cada una, donde durante cientos de años el pueblo guaraní ha resistido colonizaciones, conquistas, democracias de papel, dictaduras de hierro, neoliberalismo asesino… han resistido en la pobreza obligada, encima de las reservas de petróleo y gas más importantes de Bolivia, cuyos beneficios han escapado directamente a los bolsillos de los que hoy dicen defender la democracia y el Estado de derecho.

La escuela donde se encuentran todos/as los/as dirigentes/as muestra una placa recordando su construcción por una organización dependiente de la Iglesia, vestigios del paso de la Compañía de Jesús por estos lares… tras un café puro y dos panecillos recién hechos, entrar en un aula repleta de personas cuya memoria histórica se encuentra viva y presente, recordando la presencia de otros barbados con aviesas intenciones, hace que el pulso se acelere, haciendo consciente la importancia de cada palabra, de cada gesto… pero nos entendemos, sabemos que en guaraní y en castellano justicia, solidaridad, compromiso… significan lo mismo…

El camino de regreso, con el recuerdo fresco de la complicidad y la confianza desvelada tras las miradas infranqueables, gestos adustos que asienten con un leve movimiento que tan solo arruga la piel, se hace más liviano, más llevadero… el polvo sigue entrando por la ventana, el calor continúa presente…

Y dos días, dos mil kilómetros, dos aviones, cuatro autobuses y cuatro taxis después, de nuevo en La Paz, otra vez el bloqueo (esta vez son los normalistas, o los mineros, o los informales, o los pensionistas), los petardos, el taxi que no avanza, el Illimani de fondo que da la bienvenida…

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Escrito por: Antonio José Montoro

03 Mar 2010

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01 Mar 2010

Tras la celebración de las elecciones generales (presidenciales y legislativas) en Diciembre del pasado año, el Movimiento Al Socialismo consiguió una victoria aplastante e indiscutible (64%) que lo situó en la mejor posición para profundizar, de una vez por todas, el tan mentado “proceso de cambio”.

Durante toda la legislatura anterior la correlación de fuerzas en el Congreso y en el Senado, donde una minoría suficiente de la oposición conseguía bloquear y entorpecer la aprobación de leyes imprescindibles, impidió que el MAS explicitase de manera inequívoca el modelo de Estado al que aspira su proyecto político.

Durante los primeros cuatro años de gobierno de Evo Morales, si bien se han aprobado medidas económicas y sociales que benefician a los grupos más empobrecidos (sectores campesinos, trabajadores/as informales, indígenas del área urbana y rural, etc.), éstas no han ido más allá de concepciones básicas de justicia social en el área redistributiva, compatibles con gobiernos que no aspiran a transformar la sociedad sino a reducir los efectos negativos del sistema económico. Estas medidas, pese a los avances innegables que suponen para el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas, no constituyen, por sí mismas, un nuevo modelo.

En cuanto al sistema político, entendido como el proceso de producción de representación democrática, si bien ha conseguido integrar a millones de personas en las dinámicas de participación, mediante, por ejemplo, programas de carnetización para la recuperación de los derechos de ciudadanía, no ha logrado transformar la estructura limitante de la democracia formal. Medidas como el referendo revocatorio apuntan en la dirección de una mayor participación y democratización del sistema, pero no superan la concepción del ciudadano como sujeto pasivo que es llamado a participar.

Este contexto de “querer y no poder”, donde la hegemonía política no había sido transformada en una mayoría operativa en las instituciones, ha dado un giro de 180º tras las elecciones de diciembre. El 64% mencionado se ha traducido, en el marco de la Ley Electoral de Régimen Transitorio, en una mayoría de dos tercios del MAS en la Asamblea Plurinacional (Congreso y Senado), lo que genera un escenario radicalmente diferente cuya principal característica es la debacle política y social de la oposición de derecha, que les reduce a una representación testimonial en el poder legislativo, y la posibilidad, ahora sí, de que el MAS y los movimientos sociales lleven adelante su programa máximo.

Ante esta nueva situación, la intelligentsia del MAS, liderada por el vicepresidente García Linera, académico de gran prestigio, marxista, ideólogo de la guerrilla katarista y mente lúcida del gobierno actual, ha comenzado a hacer pedagogía pública sobre el modelo de Estado que tienen como objetivo. Al mismo lo han denominado “socialismo comunitario”.

Pese a que este socialismo con apellidos había sido lanzado a la arena pública mucho antes, la explicación del mismo solo ha comenzado a ser desarrollada tras la victoria de diciembre. Fruto de este esfuerzo del gobierno boliviano por hacer pública esta construcción teórica, el pasado viernes 26 de febrero García Linera asistió a un programa emitido por el canal estatal de TV y la emisora Patria Nueva para, cual profesor ante un aula llena de estudiantes expectantes, explicar al país en qué consiste el “socialismo comunitario”.

De manera general, se puede indicar que en la presentación de García Linera no se encontraban elementos especialmente novedosos que nos pudiesen hacer reconocer en ella la elaboración de un modelo teórico diferente al del socialismo ortodoxo, sino que, bajo mi punto de vista, se trata de un conjunto de ajustes que tratan de dar forma autóctona y moderna a la teoría socialista en las condiciones históricas de la Bolivia actual.

Como inicio cabe decir que, tras escuchar atentamente por algo más de una hora, la única diferencia palpable con el socialismo ortodoxo que conseguí captar hace referencia a la clase social que adopta el papel de sujeto revolucionario, que en el caso boliviano, además el proletariado nacido de la modernidad, comprende los pueblos indígenas y las estructuras comunitarias precapitalistas.

Aceptando que esta creatividad corresponde al verdadero espíritu del marxismo como teoría viva de interpretación de la realidad, y que es coherente con la composición de la Bolivia actual, su originalidad no se debe al pensamiento de ningún autor contemporáneo, sino que esta posibilidad ya fue contemplada por el propio Marx cuando, al referirse al futuro de la revolución socialista en Rusia, señaló a las estructuras sociales del agro, conformadas en el feudalismo, como la base material sobre la que, con el liderazgo del proletariado, llevar a cabo la transformación de la sociedad.

Más allá de esta inclusión del sujeto revolucionario campesino-indígena, cuyos orígenes, además de en los comentarios de Marx, podemos encontrarlos en el maoísmo, el plano económico, aunque formulado en un lenguaje políticamente correcto, se dirige hacia cierta planificación central o, como dijo el vicepresidente, “la producción para la satisfacción de necesidades, no para el lucro”. Esta premisa presenta dificultades de armonización conceptual con el anuncio del vicepresidente de la necesidad de la existencia de la iniciativa privada, guiada, por principio, por la búsqueda incesante de lucro. Este aspecto presenta una contradicción fundamental (las necesidades determinadas por el poder público vs la búsqueda de beneficio) deberá ser resuelta con un desarrollo más detallado del modelo presentado por Linera.

Sí es cierto que, a raíz de estas condiciones materiales precapitalistas existentes, uno de los objetivos del modelo boliviano es la democratización en la toma de decisiones, respetando, por un lado, las formas ancestrales de organización de los pueblos indígenas de Bolivia y, por el otro, evitando caer en la entronización de una clase burocrática omnipotente, tal y como pasó en los países de la Europa oriental.

A parte de estas diferencias y las referencias a valores morales de los pueblos indígenas, considero que el “socialismo comunitario” constituye la implementación inteligente (es decir, que toma en cuenta las condiciones materiales existentes: estructuras precapitalistas conviviendo con la clase proletaria, la importancia del lenguaje en un contexto donde los medios de comunicación van a intentar tergiversarlo para hacer oposición, la desacreditación del comunismo soviético, etc.) de la teoría socialista en Bolivia en los comienzos del siglo XXI.

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19 Oct 2009

Desde que llegué a Bolivia por tercera vez, hace ahora justo un año, he sentido curiosidad por la visión del mundo de los pueblos indígenas.

Reconozco que en muchas ocasiones me he desesperado tratando de entender lo que pasaba a mi alrededor, sin lograrlo, consiguiendo apenas percibir ciertos matices que se presentan como ráfagas en mi pensamiento algunas horas después…

Sin estar dispuesto a permitir que la sensación de inutilidad se propagase en mi interior como un caballo desbocado, he querido analizar, desde mis limitaciones indiscutibles, las tres obras principales de uno de los principales intelectuales bolivianos aymaras, Fausto Reinaga.

Este autor ha sido convenientemente olvidado durante muchísimos años por la “intelligentsia” boliviana y latinoamericana, debido a su postura política de defensa del indio, tal y como lo llama él mismo, y de reivindicación de su liberación y emancipación en cuanto raza explotada desde hace más de 500 años.

Además de tratar de disimular mi ignorancia, este análisis tiene, por otro lado, un fin orientado a mi día a día, ya que en el trabajo de apoyo a las organizaciones indígenas, creo que resulta imprescindible tratar de comprender la historia, las razones y las motivaciones que han llevado a este pueblo a protagonizar uno de los procesos políticos más apasionantes de los últimos decenios.

Las tres obras de Reinaga analizadas aquí son “Tesis India”, “La Revolución India” y “Programa del Partido Indio de Bolivia”.

El análisis se enfoca en el estilo de la obra (fundamental para comprender sus objetivos) como en la estructura que sustenta las conclusiones y propuestas que pueden extraerse de la misma.

El estilo que impregna toda la obra no corresponde al típico ensayo sociológico donde, al menos con pretensiones de una cierta cientificidad, se analizan causas de determinadas situaciones que nos permiten hacer pronósticos para el futuro.

En el conjunto de la obra estudiada, el estilo que predomina es el panfletario, no en sentido peyorativo, sino que se refiere a la prosa que llama a los sentimientos, a la dignidad, al recuerdo de las afrentas sufridas por siglos en su propia tierra.

La obra está plagada de referencias explícitas a la conciencia del pueblo indio, con interpelaciones directas a un lector indio para que descubra las miles de razones que tiene para levantarse contra la injusticia.

La estructura del conjunto que forman estas tres obras, puede resumirse en dos ejes centrales que sustentan todo el argumentario, y una parte final donde se expresa la propuesta política del Partido Indio de Bolivia.

Esta estructura no aparece como tal, sino que es un intento personal de sintetizar estas tres obras en un esquema que facilite la comprensión de las mismas para aquellos que no estamos familiarizados con el “indianismo”.

1. El primer eje sobre el que gira el pensamiento de Reinaga, formado en un marxismo doctrinario que abandona, totalmente defraudado, tras su visita en los años 50 a la extinta Unión Soviética, es el rechazo radical de la cultura occidental.

Este aspecto vertebrador de toda su obra más indianista (ya que su producción literaria anterior estaba dominada por la óptica marxista), sirve como palanca que moviliza todos los resortes de su argumentario político.

Este rechazo violento e intransigente, que a primera vista resulta un tanto descorazonador, por las inevitables reminiscencias de otras ideologías de triste recuerdo, pero que necesita ser contextualizado como llamamiento al despertar de conciencias largamente violentadas y silenciadas, va siendo desarrollado y desgranado pacientemente a lo largo de, principalmente, “La Revolución India”, dando forma a un pensamiento que encuentra anclajes y fundamentos muy profundos y difícilmente discutibles.

Los principales argumentos que sustentan y consolidan este eje vertebrador son:

- El carácter violento e injusto de la conquista

Este punto parece el que menos discusión merece, ya que es indiscutible el terror que los conquistadores impusieron en toda América, condenando a la enfermedad y la muerte a millones de seres humanos.

- La continuidad del régimen de exclusión hacia el indio

La Revolución India” hace un recorrido detallado y pormenorizado de las dinámicas persistentes a lo largo de la época colonial y republicana, resaltando el hecho de la continua depauperización de las condiciones de vida de los indios, de su marginación de la vida política, de la prohibición de su cultura, de su invisibilidad social, etc.

- La existencia de dos Bolivias

Este argumento, bajo mi punto de vista, constituye el aspecto principal que da cobertura y coherencia a la propuesta de liberación de la obra de Reinaga, asimilando el indianismo a los movimientos emancipatorios de África y Asia que, en esa época (finales de los 60, principios de los 70) lideraban las luchas por la transformación y reversión del sistema colonial.

Empleando una metodología de análisis eminentemente marxista, pese al rechazo explícito que en estas obras realiza del socialismo realmente existente y sus expresiones “mestizas” en la América india, Reinaga equipara la totalidad de la raza india a la clase proletaria del socialismo científico, generadora de valor que, en este caso, sufre el robo de la plusvalía no ya por una clase propietaria de los medios de producción, sino por una raza (la raza blanca y el mestizaje) que acapara los resortes de poder económico, político y cultural.

Es por esto que Reinaga habla de las dos Bolivias, la Bolivia blanca y mestiza, superestructura de opresión, y la Bolivia india, nación “clandestina” y alienada por su posición, no ya en el sistema de producción, sino en el propio imaginario colectivo racista y excluyente de las clases dominantes.

2. El segundo de estos ejes, en contraposición a ese rechazo a todo lo occidental, es la exaltación del pasado incaico, de la cultura de los aymaras y quechuas, de los avances técnicos del imperio Inka, y, sobre todo, de la superioridad de los valores morales del pueblo indio frente a la cultura europea y estadounidense.

Este eje, a mi modo de ver, se caracteriza por una cierta idealización de la cultura ancestral de los pueblos originarios del Qollasuyu, que llega incluso a suponer una superioridad física y mental de éstos.

3. En cuanto a las propuestas que la visión indianista de Reinaga ofrece para el día posterior a la toma del poder por el pueblo indio, la impresión que puede concluir un lector occidental, como es mi caso, es ciertamente vaga e imprecisa.

Durante toda la lectura de “La Revolución India” se está a la espera del momento en que, desde las páginas de este libro, aparezca una propuesta que concretice el ofrecimiento del indianismo en el poder.

Esta propuesta cerrada, centrada en la administración de la cosa pública, el sistema social, la alternativa económica a occidente, etc., no aparece por ningún lado, aunque algunos de estos aspectos pueden ir extrayéndose a lo largo de toda la obra.

Baste decir, en un primer momento, que el modelo futuro de sociedad que ofrece el indianismo de Reinaga es un reflejo del pasado esplendoroso de una cultura que ha resistido, agazapada en el interior de cada hombre y de cada mujer del pueblo indio, los intentos de exterminio de Occidente, incorporando, a este ideal incaico, los logros tecnológicos alcanzados durante el S.XX.

Este modelo social, idealización de un pasado que vio cercenado su desarrollo por la irrupción violenta del conquistador español, se proyecta en el futuro en los valores éticos que, según la obra de Reinaga, se resumen en “Ama Sua, Ama Llulla, Ama Qhilla” (no seas flojo, no seas mentiroso, no seas ladrón), es decir, el “Vivir Bien”, que encierra toda una cosmovisión acerca de la vida en general, y del gobierno en particular.

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03 Ago 2009

Quizá hayáis escuchado o leído en las últimas semanas noticias que hablan sobre los diversos conflictos que azotan Bolivia: que si la libertad de prensa, que si el nuevo padrón electoral biométrico, que si la “supuesta” célula terrorista en Santa Cruz, que si el traslado de familias campesinas del altiplano a los departamentos amazónicos del norte del país, etc.

A mi modo de ver, toda esta conflictividad radica en un proceso de construcción de una nueva legalidad que está dando sus primeros pasos, titubeantes e indecisos en muchos ocasiones, pero que tienen un componente de transformación lo suficientemente potente como para que surjan resistencias de todo tipo, principalmente de aquellos sectores que han vivido instalados en los privilegios y la impunidad durante décadas.

Todo proceso de cambio, como es esta revolución democrática, conlleva, inevitablemente, una modificación más o menos radical de los valores, conductas, principios y maneras de hacer política, predominantes en una sociedad.

Estas transformaciones llevan asociadas, de manera invariable, la oposición radical de esos sectores antes mencionados. El arraigo de valores democráticos es lo que determina que esta confrontación discurra por vías pacíficas o violentas, tal y como, desgraciadamente, en ocasiones ocurre en Bolivia.

El aspecto fundamental, el cambio trascendental y que se ha convertido en el eje del conflicto, es la estructura de la propiedad de la tierra.

En Bolivia, apenas 100 familias son dueñas del 80% de toda la tierra productiva del país, hecho que lleva aparejado, de manera obvia pero muchas veces oculta según se presenten los datos, que la inmensa mayoría de la población (más de 9 millones de personas) resulta desplazada y marginada del acceso a un factor de producción esencial en sociedades como la boliviana y, porqué no decirlo, latinoamericana.

El Gobierno ha comenzado, de manera tímida y negociando con los sectores más reaccionarios, una redistribución de la tierra que ha servido para paliar los efectos más desgarradores de esta injusta situación, no para cambiar esta deficiencia estructural, que mantiene, a pesar de estas iniciativas, la misma composición excluyente y generadora de pobreza y abusos.

Pese al impacto limitado del proceso de saneamiento de tierras improductivas, que ha permitido el mantenimiento de grandes latifundios, determinados grupos políticos y económicos, élites alejadas de la realidad de su país, han tomado una actitud de oposición radical y violenta con la que tratan de desestabilizar un gobierno que goza de un respaldo y una popularidad indiscutible.

Denuncian el presunto desprecio de Evo Morales por la propiedad privada, derecho máximo y sacro que defienden por encima, incluso, de los derechos humanos de las comunidades guaraníes que han sido encontradas en sus propiedades en régimen de esclavitud.

Más allá de otras consideraciones acerca de la concepción de la propiedad privada como un derecho indiscutible, es interesante leer como estos grandes latifundios fueron adquiridos, en su gran mayoría, durante la dictadura de Hugo Bánzer (uno de los ideólogos de la Operación Cóndor junto a los “insignes” Pinochet, Videla, Stroessner…), regalos de este infame personaje a aquellos que colaboraban con el mantenimiento de un régimen represor y genocida.

Desde esta perspectiva de análisis es perfectamente entendible su oposición violenta a todas las medidas que tratan de cambiar, aunque sea levemente, este estado de cosas.

Denuncian constantemente los ataques a la libertad de prensa… desde sus medios de comunicación… curiosa paradoja: periódicos que se venden en todas las ciudades del país, cuyos titulares rayan la infamia (es bastante común leer como acusan al gobierno de ser cómplice de asesinatos), y que, al mismo tiempo, denuncian ser víctimas de persecución y hostigamiento, que ven cercenados sus derechos…

Lo peligroso, lo más grave de esta situación, son las evidencias, por mucho que estos sectores se empeñen en negarlas, de la articulación y financiamiento de grupos paramilitares con los que pretendían generar un clima de inseguridad y desestabilización en todo el país, con el único objetivo, escondido detrás de reivindicaciones autonomistas, de mantener unos privilegios económicos que, siendo objetivos, están muy lejos de ser afectados seriamente.

Todas estas expresiones, digamos, “inadecuadas”, instaladas en los extramuros de un marco democrático normal, son consecuencia de la debilidad de una legalidad neonata, que aún no ha definido con firmeza sus límites infranqueables, sus principios irrenunciables, y que presenta grietas e inseguridades por donde se cuelan y se permiten actitudes contrarias al respeto a los derechos y a la dignidad humana.

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28 Jul 2009

A veces cansa. Agota escuchar discursos encorsetados, perforados por unos medios de prensa que olvidaron su independencia, que abotargan con información que desinforma, con papeles que inundan los maltrechos cajones de sus cerebros adormecidos.

Y lo peor, lo peor de todo, lo que roba tu energía hasta hacerte llegar al hastío o la indiferencia, son los labios de los que salen las justificaciones de lo injustificable, labios que pertenecen a personas que en su vida diaria, en las cosas que realmente les tocan de cerca, no tolerarían ni una sola de esas afirmaciones que, desde sus cuerdas vocales hasta su boca (estoy convencido que no pasan por su cerebro), escupen hacia el exterior sin tener en cuenta la cara de idiota que queda en su interlocutor.

Cada vez me convenzo más del profundo daño que ciertos medios de comunicación de masas, objetos de consumo, ya no de información, están inflingiendo a la sociedad, a las sociedades, infiltrando de manera insidiosa y mezquina una visión de la realidad tergiversada, que no resiste el menor análisis ante la luz de los hechos, que desprende un tufo repelente a intereses egoístas, oscuros, lucrativos…

Así, con el único objetivo de librarme del ahogo que me produce recordar una conversación de hace apenas unas horas, voy a tratar de identificar algunas de esas “opiniones”, ideas fuerza, explicaciones, etc., vertidas, a mi modo de ver, para esconder aviesas intenciones, que maltratan la verdad y que solo demuestran un doble rasero que desenmascara la calidad moral de sus autores, editores, redactores, seguidores…

- La llegada del gobierno actual ha generado conflictividad política en Bolivia: Durante los 300 años de colonia española, y los 200 años de independencia y vida republicana, la mayoría indígena, y los grupos sociales surgidos del proceso de modernización, permanecieron en la más absoluta marginación y exclusión, sufriendo condiciones de vida deplorables, siendo objeto de explotación como fuerza de trabajo en condiciones de semi-esclavitud, sin acceso a educación, a salud, a infraestructuras.

Considero que en esas condiciones (cuando Bolivia ocupaba el lamentable honor de encontrarse a la cola del desarrollo, en el podium de la pobreza en el continente americano) el conflicto ya existía, se encontraba latente, expresándose en circunstancias y contextos aislados, sin una vía de manifestación efectiva que vehiculase todo el descontento acumulado.

El gobierno actual no es más que esa expresión necesaria, ese símbolo de fin de una época y comienzo de otra, marcada por el impulso emancipador de una masa popular que, tomando como referencia las últimas citas electorales, supone entre el 55 y el 60% del total de la población.

Sí, es cierto que el conflicto se ha evidenciado, se ha intensificado, ya no se esconde detrás de una supuesta normalidad democrática heredada de las dictaduras de los años 70 y 80.

¿Por qué se intensifica justo ahora?

1: Porque los grupos que impusieron su voluntad al resto del país no están dispuestos a ceder ni un milímetro de sus privilegios acumulados ilícitamente a lo largo de décadas.

2: Porque los grupos que fueron oprimidos históricamente han decidido poner fin a esa situación, y para ello necesitan acabar con los privilegios de las élites económicas y políticas.

No se puede culpar al dormido de haberse despertado…, ¿no?

- Ausencia de legitimidad porque el gobierno no ganó en los departamentos del oriente boliviano.

Dicen los economistas que “la estadística es el arte de torturar los datos hasta que digan lo que tú quieras que digan”.

La idea señalada, que los medios utilizan como el eje vertebrador de todo su discurso, nos muestra un claro ejemplo de este dicho y del doble rasero con el que analizan hechos similares en contextos diferentes.

Para tratar de rebatir el argumento de una supuesta falta de legitimidad del gobierno actual, voy a hacer una breve comparación entre los resultados de los dos principales partidos políticos en los últimos procesos electorales generales en España (2008) y en Bolivia (2005)*.

Para establecer esta comparación, partamos de las tendencias generales expresadas por los medios de comunicación: la legitimidad del gobierno español es indudable vs la legitimidad del gobierno boliviano está puesta en duda.

RESULTADOS GENERALES

BOLIVIA (diferencia con el segundo partido: 25,14)

Movimiento Al Socialismo: 53,74%

Poder Democrático y Social: 28,6%

ESPAÑA (diferencia con el segundo partido: 3,53)

Partido Socialista Obrero Español: 43,64%

Partido Popular: 40,11%

RESULTADOS POR DEPARTAMENTOS (9)/COMUNIDADES Y CIUDADES AUTÓNOMAS (19)

Nº de departamentos donde ganó el MAS: 5 (55%)

Nº de Comunidades Autónomas donde ganó el PSOE: 8 (42%)

Nº de departamentos donde perdió el MAS: 4 (45%)

Nº de Comunidades Autónomas donde perdió el PSOE: 11 (58%)

Nº de departamentos donde el MAS obtuvo mayoría absoluta: 5 (55%)

Nº Comunidades/ciudades autónomas donde PSOE obtuvo mayoría absoluta: 2 (10,5%)

Nº de departamentos donde PODEMOS obtuvo mayoría absoluta: 0 (0%)

Nº Comunidades/ciudades autónomas donde PP obtuvo mayoría absoluta: 5 (26,31%)

Estos datos, obtenidos rápidamente navegando por Internet, nos muestran que si la línea argumental que están aplicando en Bolivia fuese aplicada para el caso español, y viceversa, podríamos obtener titulares de este tipo:

“Zapatero pierde en casi el 60% del territorio estatal”/ “Morales triunfa en el 55% del país”

“Apenas un 3% del electorado da una victoria ajustada al PSOE” / “Victoria abrumadora del MAS por una diferencia de 25 puntos”

“El PP duplica las comunidades del PSOE donde obtiene mayoría absoluta” / “La oposición no logra mayoría absoluta en ningún departamento, el MAS arrolla en 5 departamentos”

“La legitimidad del gobierno es puesta en duda en 11 comunidades autónomas” / “Ningún departamento de Bolivia pone en duda la legitimidad del gobierno”

“En Madrid y Valencia rechazan el actual gobierno por más de 10 puntos” / “En La Paz y Cochabamba el MAS aventaja a PODEMOS en más de 40 puntos”

Todo depende desde donde se mire… ¿verdad?




* Datos obtenidos de los sitios web de la Corte Nacional Electoral de Bolivia y de “El País”


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08 Jul 2009

La diversidad cultural y étnica de Bolivia consigue apabullar al viajero casual, al residente ocasional y a los que hemos decidido dedicar un trocito de nuestra vida a asombrarnos con este país.

En posts anteriores ya mencioné las diferencias que caracterizan sus distintos espacios geográficos, desde las planicies andinas hasta la selva amazónica, pasando por los valles cochabambinos y el chaco cruceño.

Socialmente las diferencias no son menores, ya que podemos encontrar las mayorías aymarás y quechuas en el occidente, el pueblo guaraní en el oriente, la población mestiza regada por los nueve departamentos, las étnias minoritarias de la región amazónica que, a pesar de la presión a la que se ven sometidas por los grandes intereses empresariales de la industria extractiva, mantienen sus usos y costumbres, el manejo sostenible de los recursos naturales, sus formas de organización social y política…

Sin embargo, y a pesar de esta inabarcable diversidad de este Estado plurinacional (¡¡nada más que 36 naciones originarias!!), existen denominadores comunes enraizados en la cultura política del país desde hace ya varios siglos.

Uno de estos factores comunes es la secular marginación que la mujer indígena ha sufrido durante toda la historia colonial y republicana de Bolivia, negándola el derecho mismo de existir como ciudadanas, como mayores de edad con capacidad de decisión, confinadas a los espacios de reproducción, las labores domésticas, de la vida social… ocultas y menospreciadas en la esfera pública.

A su condición de género se ha unido la opresión y racismo al que las clases propietarias blancas han sometido a las mayorías indígenas y campesinas, impidiendo su acceso normalizado al sistema educativo que, sin olvidar su carácter radicalmente colonizador, sí que permitió a muchos hombres, de manera limitada y restringida, acceder a espacios de participación política e interacción social.

En la actualidad, las condiciones materiales realmente existentes en Bolivia no permiten la transformación radical de esta subordinación de la mujer indígena en el espacio público, aunque el propio impulso emancipador de las mismas está consiguiendo abrir grietas en la estructura patriarcal y colonial de la sociedad boliviana.

En esta dinámica de reivindicación de su papel protagónico frente a concepciones machistas y alienadoras, la organización de mujeres indígenas “Bartolina Sisa”, con la que Mundubat mantiene una alianza estratégica desde hace varios años, está impulsando procesos formativos y de toma de conciencia de las mujeres del área rural para fortalecer su participación en la construcción de las políticas municipales, históricamente dominadas por las estructuras partidarias tradicionales ciegas a las necesidades específicas y estratégicas del 50% de la población.

Esta línea de acción política supone enfrentar múltiples resistencias que, desde diferentes ámbitos, se oponen a la reversión de la situación de exclusión todavía vigente, ya que su desarrollo implica poner en duda relaciones de poder hombre-mujer, ocupación de espacios de toma de decisiones, cambio de prioridades en la gestión pública, transformación de un modelo productivo basado en la agroindustria destinada a la exportación, enfrentar el monocultivo con alternativas orientadas a la consecución de la soberanía alimentaria y el derecho a la alimentación, etc.

Desde Mundubat, a partir del análisis y del convencimiento de estar asistiendo a un proceso único de gran valor para ir avanzando en la justicia social, estamos acompañando a “Bartolina Sisa” en la puesta en marcha de un programa a nivel nacional consistente en la realización de talleres formativos en 36 municipios de los nueve departamentos del país, donde las mujeres de las distintas étnias recibirán formación sobre legislación, derechos humanos, derechos de la mujer, sobre el Convenio 169 de la OIT (referente a los pueblos indígenas), soberanía alimentaria y formulación de proyectos.

El objetivo que nos planteamos es, en primer lugar, fortalecer las capacidades de las mujeres del área rural para la incidencia política en sus municipios, de manera que sus necesidades sean tenidas en cuenta, accediendo ellas mismas a cargos electos de representación, y, en segundo lugar, generar una dinámica que ponga en la agenda política nacional las propuestas nacidas en el seno de las organizaciones de mujeres indígenas.

Para lograr este segundo objetivo, se está organizando un encuentro nacional en el departamento de Pando, tristemente famoso por la masacre que funcionarios prefecturales cometieron contra hombres y mujeres indígenas y campesinos, donde se sinteticen todas estas propuestas locales en una alternativa de política municipal para todo el país.

Creo que es una fortuna poder vivir este proceso en primera persona, tratando de entender, aunque a veces no sea capaz, las alternativas que, basadas en costumbres y concepciones milenarias, el mundo indígena está poniendo en marcha cada día…

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19 May 2009

Lamentablemente conocida por los disturbios acontecidos durante el mes de septiembre del año pasado, cuando las instituciones estatales fueron tomadas al asalto e incendiadas, y las activistas de defensa de los derechos humanos atacadas y amenazadas, Santa Cruz ha sido el escenario de un acontecimiento radicalmente diferente donde las mujeres, diversas como Bolivia misma, han intercambiado ideas, han discutido con vehemencia sobre distintos aspectos de la realidad, han afrontado sus problemas y han imaginado soluciones.

La participación del 52% de la población en un proceso político como el boliviano, resulta imprescindible para la superación de esas estructuras sociales y económicas que han lastrado la vida y el bienestar de los hombres y mujeres de Bolivia y toda Latinoamérica. Y una muestra de esa incorporación, todavía insuficiente, de las mujeres a la construcción creativa de una sociedad mejor, ha sido esta cumbre II Cumbre Social.

Durante dos días las mujeres del valle, de las tierras altas, del llano, de la amazonía… han llenado de esperanza e ilusión el muchas veces pesado ambiente cruceño, sobreponiéndose al calor, a la humedad asfixiante y a la intolerancia de los poderosos, reclamando para sí el derecho a reivindicarse como mujeres, exigiendo la apertura de los espacios de participación para su incidencia efectiva, rechazando los intentos de dinamitar esta oportunidad de las históricamente desposeídas y marginadas, soñando otra Bolivia y otro mundo…

Entre esas más de mil mujeres presentes en el Coliseo Real de Santa Cruz, las compañeras de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia “Bartolina Sisa” han ejercido un papel articulador esencial para la búsqueda de consensos entre las diversas posturas allí presentes, liderando un proceso de empoderamiento y toma de conciencia imparable y denunciando la pervivencia de estructuras mentales coloniales y machistas, incluso cuando éstas aparecen entre sus propios compañeros de lucha.

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07 Abr 2009

Y para muestra, un botón acerca de las "dos Bolivias"...

Este video lo he encontrado gracias a un director de cine, paceño hasta la médula y que además, hay veces que en esta vida aparece la suerte, es un buen amigo (http://www.youtube.com/user/danijaras) que nos está enseñando todo sobre La Paz, sobre Bolivia, sobre arte, sobre cómo la vida hay que bebérsela a cada rato, apasionarte con lo que haces, perseverar...

En este documental nos muestra de manera muy gráfica cómo es la situación en el oriente boliviano, la distribución de la tierra, la prepotencia de algunos terratenientes, el racismo salvaje hacia el pueblo guaraní...

Y como dicen que una imagen vale más que mil palabras... ahí va...

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18 Mar 2009

De un tiempo a esta parte, coincidiendo curiosamente con la ascensión al poder de un presidente indígena, se habla de “las dos visiones de Bolivia”: de un Occidente indígena, atrasado económicamente, con costumbres bárbaras, opuesto a la modernidad, etc., en contraposición a un Oriente blanco, avanzado, moderno, con una economía globalizada y dinámica…

Desde este espacio no pretendo realizar un análisis político o económico de la cantidad de realidad que incluyen estas afirmaciones, ya que sería tedioso y cansado, sería necesario emplear datos estadísticos, contextualizar históricamente la situación actual de Bolivia, etc.
Voy a limitarme a tratar de expresar, de la mejor manera que pueda, las sensaciones que ha dejado en mi escaso entendimiento el conocimiento superficial de los distintos contextos de los que, según los grandes medios de comunicación, surgen las antagónicas “visiones de Bolivia”.

Y para transmitir estas sensaciones me baso en el convencimiento de que cualquier hombre o mujer, cualquier persona de las que puede estar leyendo esto en este preciso momento, cualquier persona normal, del montón, sin especiales conocimientos sociológicos, económicos, filosóficos o políticos, pero que disponga de la capacidad de abrir los ojos tan solo una rendija, una abertura mínima, como cuando apenas despertamos el lunes por la mañana y no queremos enfrentar la dura perspectiva de toda una semana por delante… incluso así, una persona que disponga de las habilidades mínimas para activar las diminutas fibras musculares que consiguen levantar los párpados, ofreciendo al órgano visual las facilidades para desempeñar su labor… incluso con estos requerimientos tan mínimos, incluso así, cualquier persona que conozca Bolivia, siquiera superficialmente, puede concluir una idea que define y sintetiza la realidad de este país: hay demasiadas personas en situación de pobreza… demasiadas…

Esta primera idea inmediata, innata, inevitable, obscena, obscura, sinvergüenza, hipócrita, cínica, está presente en cada rincón del país, en el altiplano andino, en los valles de Cochabamba, en los departamentos amazónicos, en el oriente petrolero y gasífero…

Esta omnipresencia de la pobreza ofrece, sin embargo, matices que tienen la capacidad de caracterizar con una precisión asombrosa las bases materiales que diferencian esas dos visiones enfrentadas e irreconciliables…

Ahí vamos...

La autopista te muestra desde la altura el valle donde alguien alguna vez decidió encajonar La Paz, presa de los desniveles, de las calles y avenidas que nunca terminan de ascender y descender, ofreciendo solo una vía de escape cercenada por las cumbres insalvables de una cordillera infinita y nevada. La trancadera en La Ceja mantiene un orden que solamente las ruedas y los volantes de miles de vehículos consiguen entender, un sistema vial ácrata y desvergonzado del que, sin comprender una lógica interna absolutamente irracional, se consigue escapar ileso, camino del altiplano…
La carretera que une La Paz y Oruro transcurre por un paraje desolador, una llanura solo interrumpida en el horizonte por los picos inalcanzables que rozan los cielos más bellos de esta tierra, una especie de compensación por el paisaje monótono, aburrido, del color de una tierra estéril y desagradecida…
A lo largo de esta ruta, cientos de caminos estrechos nacen de sus costados, internándose en la inmensa llanura hacia un destino sin referencias espaciales concretas, sin un objetivo aparente que justifique el avance por una tierra inerte, seca, dura como sus dueños…
Cualquiera de estos caminos, todos estos caminos, acaban, o empiezan, en unas casas de adobe precariamente concluidas, separadas de otras casas igualmente precarias, desde las que se divisan otras precarias construcciones de adobe donde familias enteras se refugian del viento que corta la piel y los labios.
Existen centenares de estas comunidades por todo el altiplano. Las condiciones de vida de sus habitantes son duras, muy duras…
Viven de lo que consiguen arrancarle a la “pachamama”, de los escasos kilos de papa y quinua que anualmente les ofrece como recompensa por horas interminables de trabajo con la espalda encorvada, con los dedos ateridos de frío mientras remueven terrones secos en busca de un fruto que haya sobrevivido a las heladas, al calor, a las inundaciones, a la sequía…
La vida aquí es dura, muy dura…
Estas comunidades carecen de servicios básicos de salud suficientes, los niños y las niñas deben andar varios kilómetros para alcanzar unas escuelas con escasos medios, con un profesorado apenas formado en nociones básicas, sin servicios sanitarios, etc. Estas condiciones solo son el reflejo de los siglos de olvido, del desprecio que los numerosos gobiernos (hay que recordar que Bolivia es el país de Latinoamérica que más golpes de estado ha sufrido a lo largo de su historia republicana) han ofrendado a las zonas más pobres del país, a las áreas rurales pobladas por indios sin alma, sin cultura (solo con folclore), sin idioma (solo con dialectos)… gracias Galeano…
En la actualidad el trato del Estado a esta zona del país ha virado radicalmente, iniciando medidas que deberían ser positivas pero que, hasta el momento, no han surtido el efecto deseado.
Mientras tanto, y a pesar de todas las dificultades, estas comunidades continúan ilusionadas con un futuro mejor y sintiéndose protagonistas del mismo, continúan luchando con su tierra, donde nacieron ellos y sus padres, y los padres de sus padres, y los padres de los padres de sus padres, y los padres de los padres de los padres de sus padres… una tierra escasa y egoísta que les ha visto crecer, que les observa cada día tratando de arrancarles sus escasos frutos, una tierra que les ha acompañado durante generaciones y a la que permanecen unidos por vínculos poderosos…

Otra vez la trancadera en La Ceja… pero esta vez tomamos rumbo al Oriente, como si quisiéramos alcanzar el Atlántico, lejano… las casi 20 horas de viaje por carretera nos permiten notar como, imperceptiblemente, el paisaje va transformándose, el clima va suavizándose, los pulmones comienzan a funcionar con una normalidad ya olvidada, la vegetación se va adueñando de cada rincón, de cada metro cuadrado...
La sensación que produce llegar a Santa Cruz puede resumirse en dos palabras: calor y humedad. Un calor y una humedad que te hacen sentir añoranza de la altitud y el frío de La Paz, la ropa comienza a pegarse definitivamente a tu cuerpo sin que exista la más mínima posibilidad de respirar, de encontrar alivio en una brizna de aire que pueda hacerte olvidar el bochorno que te acompaña continuamente…
La carretera que deja Santa Cruz y se dirige, muchísimos kilómetros más allá, a Brasil, nos muestra en toda su crudeza cuáles son las características de la pobreza en la zona más rica del país.
Decenas, cientos, de camiones rebosantes de árboles talados y ganado se cruzan en tu camino. Se dirigen a la ciudad para alimentar las despensas de los restaurantes de lujo y de las industrias de muebles, empresas ávidas y egoístas que no dudan en esquilmar las riquezas naturales del país para aumentar ilimitadamente sus ganancias, grandes estómagos hambrientos que fagocitan la naturaleza y la convierten en un medio para acumular más y más riqueza.
Si siguiéramos la pista de estos camiones, que a la luz del día nos enseñan como cometer un “delito legal”, llegaríamos a cualquiera de los cientos de grandes, inmensos, inconmensurables latifundios que existen en todo el área.
Su presencia es palpable incluso desde la carretera principal, siendo fácilmente identificables por la visión de una especie de pasillo de varios kilómetros de anchura, bordeado por apenas una línea de los antiguamente abundantes árboles, cuyo límite se confunde con el horizonte… una imagen nada poética que casi te obliga a abandonar la idea de seguir activando las fibras musculares de los párpados, casi mejor cerrarlos…
Estas grandes extensiones de tierra, propiedad privada de algún millonario de nombre impronunciable, se dedican en su totalidad a la producción ganadera y de soja de manera intensiva, siguiendo un modo de producción absolutamente insostenible, con un uso extremo de los recursos naturales (agua principalmente) y con un empleo de mano de obra basado en la explotación de la misma.
Un ejemplo de esta explotación del hombre por el hombre, verdadera característica definitoria de la pobreza en el Oriente boliviano, es la existencia de comunidades guaraníes enteras, pobladores originarios de estas tierras, en situación de esclavitud y servidumbre… ¿a que os han dado ganas de desactivar para siempre los músculos de los párpados? ¿a que es para cerrar los ojos y dormir una temporada larga? A ver si para cuando despierte esto ha pasado…
Sin necesidad de recurrir a estos ejemplos extremos, es sencillo parar a tomar un refresco que te haga más llevadero el viaje y charlar distendidamente con cualquier habitante de la zona. Probablemente sea un inmigrante proveniente del Occidente que eche de menos la dureza de su tierra, se encontrará trabajando en cualquiera de las explotaciones (nunca tuvo más sentido este nombre) agroganaderas a cambio de un suelo mísero que no le permite disponer de unas condiciones mínimas de vida, algún familiar suyo, o él mismo, sufrirá la enfermedad de Chagas por tener una vivienda de adobe, recordará con añoranza la lucha diaria con la tierra en su comunidad de Oruro, de Potosí, de La Paz…, allí por lo menos todos los de la comunidad vivían igual…

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Sobre este blog

AYNI

El ayni era un sistema de trabajo de reciprocidad familiar entre los miembros del ayllu de la zona andina, unidos por el cuidado y respeto de la pachamama. Mediante este sistema se establecían lazos de solidaridad y de compromiso mutuo que fortalecían y cohesionaban la comunidad. En estos tiempos de globalización económica y de individualismo salvaje, se hace imprescindible recuperar valores como el ayni que pongan en primer lugar al colectivo, buscando soluciones que favorezcan la inclusión y el desarrollo equitativo entre hombres y mujeres y que respeten el derecho de las generaciones futuras a disfrutar un medio ambiente saludable.

La cooperación al desarrollo debe convertirse en una herramienta útil para este fin, integrando el concepto de justicia y de responsabilidad en el trabajo con los pueblos que han decidido invertir su situación de exclusión, que han decidido, no “vivir mejor”, sino “vivir bien”.

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