Cambio de perspectiva

Os traigo una lectura oriental clásica (“Tao Te Ching al alcance de todos”: Alfonso Colodrón. EDAF, Madrid, 2009) que me ayuda a poner las cosas en perspectiva y me gusta leer de vez en cuando, tomar las cosas con perspectiva facilita el verlas de otra manera. Los más antiguos aquí, tal vez la leísteis hace un tiempo, ya fue publicada, pero hay cosas que merece la pena recordar

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Érase una vez una modesta familia de campesinos que, a duras penas, sobrevivía arañando la tierra cada año, estación tras estación, con frío, calor, lluvia y sequía. Un día apareció una yegua salvaje y el hijo mayor consiguió echarle el lazo y domarla. Todos en el pueblo envidiaron su suerte.

Pasados unos meses, la yegua se encabritó y el muchacho cayó al suelo con tan mala fortuna que se partió una pierna. Todos en el pueblo lamentaron su mala suerte, pero, en su fuero interno, se alegraron de no haber sido ellos quienes encontraran la yegua.

Cuando estaba en la cama recuperándose de la pierna coja, pasaron los soldados haciendo la leva y llevándose a todos los mozos en edad de ser enrolados en el ejército. Todos en el pueblo volvieron a envidiar a la familia que no perdía a su primogénito, mientras ellos se quedarían durante varios años sin la ayuda principal de los hijos varones.

Al cabo del tiempo la yegua se escapó y cada cual se alegró en el fondo de su corazón de no haber sufrido esa valiosa pérdida, pues la yegua no sólo era una buena herramienta de trabajo, sino una mascota especial. Casi un miembro de esa familia privilegiada, en esos momentos tan desgraciada como si se les hubiera muerto una hija.

Transcurrió un verano, transcurrió el otoño siguiente y un día, con las primeras nieves, apareció la yegua al galope por el pequeño prado de la familia que todavía lloraba su ausencia. Detrás de ella venía una manada de caballos salvajes que, sin recelo alguno se metieron en el cercado que había servido de hogar a la fiel yegua. La familia prosperó de la noche a la mañana, pero había aprendido a no dar nada por definitivo, sino a vivir pérdidas y ganancias como un proceso natural de la vida. Y el pueblo ya no sabía qué pensar ni qué sentir. [… ]

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No hay mal que cien años dure, dice el refrán. Y habría que añadir ni bien que cien años dure. Llámese fortuna, amor, fama, poder, proyectos, ilusiones… La vida misma.

No se qué os parecerá. Un cuento, podéis decir, pues sí, como la vida misma, contesto. Nadie sabemos qué traerá la vida; tal vez nuestra nueva situación nos haga descubrir nuevos talentos. Pensemos, si no, en personas que, y endo por otro lado, descubrieron su gran potencial. Lo primero que se me ocurre es Julio Iglesias que era futbolista, Harrison Ford carpintero… os animo a buscar otros ejemplos. Ahora pienso en Mikel Trueba, un compañero de vida solidaria cuyo blog es totalmente recomendable. Ahora han hecho un documental sobre su vida titulado Alma que opta a los premios Goya, imaginaos. Tiene esclerosis lateral amiotrófica y su blog es un canto a la vida que sube la moral a cualquiera. El nombre del blog es “Las sorpresas que da la vida”. Pasaos por favor, y ya veréis qué valentia y qué coraje 

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Todo eso sólo se logra estando abierto a lo que trae la vida y adaptándose a ello. La vida es cambio, como interiorizóó esta familia.

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Los comentarios son estupendos; nos enriquecen, animan y ayudan a tod@s. Os animo.

Cuidaos, cuidémonos mucho.

Os deseo de todo corazón Feliz Navidad, y, a los que no os guste  o no no creáis, que os sea leve. y aprovechéis un poquito de fiesta, que eso no se puede desperdiciar

 a tod@s

Afectuosos saludos

Laura

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