Recaídas en em: autoestima, frustración, optimismo y paciencia

He hablado mucho de la incertidumbre y es que, efectivamente, hay veces en que ese frágil equilibrio que durante la última temporada llegaste a mantener se rompe. De la manera más tonta, de un día para otro. Sin saber por qué un día las cosas no salen como iban saliendo. Sabías que era muy posible que sucediera, así que mientras te encontrabas bien viviste lo más intensamente que pudiste, intentaste hacer, aprender, aprovechar todo lo que la vida te ofrecía. Eso ya no te lo quita nadie

Y llega un día en que aparece otra vez esta incómoda compañera de viaje. No sabes si va a estar un ratito o si se va a quedar, no sabes el precio que vas a tener que pagar, no sabes hasta qué punto está decidida a ponerte las cosas difíciles. Cuando la viste asomar la cabeza (¡qué cansada estoy!) comenzaste a sospechar. Vale, aquí está otra vez esta okupa intratable. Me recuerda esos juegos de la infancia en los que los dados te mandaban a una casilla que te obligaba a retroceder hasta el principio y a volver a empezar otra vez a ganar terreno (aprender dónde se han vuelto a colocar los límites) y a ir sorteando otra vez aquellas pruebas, estas dificultades. Cuando en la partida te ocurría eso varias veces acababas desesperándote por tu mala suerte. Pues así nos sentimos muchas veces. Otra vez vuelta a empezar. Y esto no es un juego.

Mientras dura, no queda otra que esperar PONIENDO TODO TU ESFUERZO EN MANTENER ALTA LA MORAL Y EL OPTIMISMO. A veces se queda semanas, meses… Y se hace difícil, pesado, descorazonador. Te ha estropeado muchos planes. A veces te culpas: tal vez no pongo el suficiente entusiasmo, debería andar más, debería descansar, o buscar terapias alternativas… ¡Deberías, deberías! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Sólo me faltaba tener la culpa yo! Eso nunca lleva a buen puerto porque la ansiedad complicaría las cosas todavía más  y además no es cierto.

Acabas, también a veces, en una especie de INDEFENSIÓN APRENDIDA: hagas lo que hagas nada funciona. De ahí a la apatía y la depresión va muy poco por lo que hay que luchar contra ello con todas tus fuerzas. Relajarse y esperar con paciencia.

A los demás se les hace largo. La gente, en general, no entiende. Y menos cuando puedes hacer cosas de una forma aparentemente normal… Por ejemplo bajar al bar de debajo de tu casa a tomar un café (y subir y tumbarte por el resto del día) Cuando una está de baja  por estar está terriblemente cansada y no poder hacer nada (ducharse, bajar a por el pan…) sin agotarse, siempre queda esa cosa de si no estará aprovechándose un poco y siendo algo perezosa. No tiene ningún dolor así que no será ni tan grave ni para tanto… Aquí nada es proporcional: ni el cansancio, ni la recuperación, ni la certidumbre. Por eso es importante la comunicación con todos los que están más cerca. Eso hace que entiendan y que puedan ayudar y apoyarte.

Si supieran lo largo que se te hace a ti y la energía que tienes que gastar en combatir el desánimo y la frustración… Les parece raro que lleves meses cansada ¿pero cómo cansada? Y sus preguntas por tu estado de salud parece que sólo quisieran escuchar una respuesta, la de que vas mejorando poquito a poquito o la de que ya has cogido el alta y te encuentras como nueva. ¡Qué más quisieras tú!

 Pero esto no es así. Cuando se pase, si se pasa, costará una buena temporada recuperar el nivel anterior. Eso si lo recuperas.

Evidentemente, en una enfermedad degenerativa la incertidumbre del avance siempre está ahí, aunque no lo pienses ni te castigues con ello, está ahí, latente. Siempre. Porque realmente es posible.

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Sólo puedo acabar querid@s emnautas volviendo a lo de siempre, porque la vida es bella y es más tarde de lo que parece

Vive la vida todo lo que puedas. Valora tus limitaciones y lánzate como puedas, cuando puedas. Aprende nuevas cosas, recupera aquello que te encantaba y dejaste de hacer, lee, escucha música que te “ponga las pilas”, apúntate a cursillos, a todo, hazte voluntri@… eso luego tira de ti, y hace que olvides la autocompasión, y lo digo por experiencia. No hay que dedicarle horas, cuando puedas lo que puedas. Y eso estará bien.

Rodéate de gente “no tóxica” sino positiva y optimista y cuando la encuentres cuídala. Valora todo lo bueno que hay en tu vida, siempre lo hay, no lo olvides.

Haz el deporte que puedas, el mejor ansiolítico y antidepresivo. Como también lo es la Naturaleza, que, en este momento, vestida de  otoño, nos ofrece  una vista  soberbia, hasta los parques urbanos se pintan con una paleta de colores sublimes.

Utiliza todas las ayudas que te permitan seguir con tu vida: técnicas, médicas, terapéuticas, rehabilitadoras, sociales.

Cuidaos mucho, mucho, mucho.

Y !Felices Fiestas!

Con cariño, Laura.

 

 

 

 

 

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