¿Te sumas al punto lila?

Todavía hay muchas, muchísimas personas que consideran exagerado poner un punto lila en la ventana. Las 49 mujeres que han perdido la vida en lo que va de año , o las 464 mujeres que han muerto como consecuencia de esta violencia machista en los últimos 6 años , no dirían lo mismo si tuvieran una segunda oportunidad. Si pudieran volver para exigirnos que sus historias no se repitan.

Hoy, el punto lila es un pretexto para no olvidarlas, un punto para exagerar y embadurnarlo todo, para repetir y repetir el mensaje contra la violencia hacia las mujeres, porque igual de repetidas son sus historias. Tan semejantes unas de otras que parece imposible que sigan ocurriendo.

Hace un par de años viví de cerca el caso de una chica de apenas 30 años que bien podía haber protagonizado cualquiera de las 12 historias reales que Raimunda Peñafort recogió en en su libro ‘Una juez ante el maltrato’, publicado hace ya cuatro años y desgraciadamente tan vigente hoy en día.

En su caso nadie sabía nada, había estado viviendo en silencio el maltrato físico y sicológico de un novio que le obligaba a dormir en el suelo del trastero cuando se enfadaba con ella, que le convencía un día sí y otro también de que era mejor olvidarse de quedar con sus amigas o de salir con sus hermanas y que le recordaba constantemente el ridículo que podía llegar a hacer si realizaba cualquier tipo de gestión sin su ayuda.

Y ella se lo creía. No se cómo es posible pero ocurría. Con 25 años se lo creía, y con 26, y con 27, y con 28… Estaba convencida de que sin él no era nada, soportaba palizas y desprecios y callaba. Y calló varios años hasta que ya no pudo más. Y explotó. Y lo contó. Pero le faltaron pruebas. La vecina que incialmente iba a testificar en el juicio se echó atrás en el último momento y las fotos de las magulladuras de las palizas, que ella misma se había sacado con el móvil, no sirvieron para demostrar el maltrato. Sin parte de lesiones perdió el juicio. Los servicios sociales de su zona, eso sí, le ofrecieron ayuda sicológica para recuperar la autoestima perdida a lo largo de los años.

Volvió a casa de sus padres y prometió que le olvidaría para siempre. Lógico , ¿verdad? Si te maltratan te alejas. Pues no. Al final volvió. Me la encontré al cabo de unos meses y me explicó que decidió darle una segunda oportunidad. Él la llamaba constantemente , le rogaba que le perdonara, le prometía que jamás volvería a pegarle y ella le creyó. Una vez más, con casi 30 años le creyó.

Fue un espejismo. Una nueva paliza volvió a poner fin a esta historia intermitente. Intermitente, sí, porque no estoy segura de que haya terminado.

He perdido su pista y a veces tengo miedo de encontrarme su nombre en los periódicos. ¡Su historia se parece tanto a todas! Historias que vuelven una y otra vez, que se repiten y se repiten y no terminan nunca.

Por eso no importa que estos días el punto lila nos invada y nos abrume. Esas historias siguen ahí invadiendo hogares y familias enteras. Y tenemos que contarlo

Facebook Twitter Stumbleupon Delicious More More More
elcorreo.com

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.